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lunes, 14 de febrero de 2011
Ética y privacidad
La semana pasada publiqué una entrada dedicada a un chico que conocí en Saigon. Un anónimo comentarista me recriminó que encabezase el texto con una foto de él. Su inclusión no fue fruto del azar ni de la imprevisión del momento, sino de una decisión tomada tras mucho tiempo de reflexión.
Cuando regresé de Vietnam y Camboya pensé que quería contar su historia. Nuestra historia. Y lo primero que se me ocurrió es que me gustaría que lo vierais para que pudierais entender un poco más lo que viví. Y para eso debía publicar su foto.
Pero me entró la duda sobre si era éticamente correcto hacerlo o no. Elegí publicar la historia de Xiao porque no había demasiado problema, ya que sigo en contacto con él por messenger y se lo pude consultar, pero hay otras historias y otras personas de las que me gustaría hablaros y a las que no puedo preguntar. ¿Tengo derecho a hacerlo por ser parte de mi vida o debo respetar su privacidad y sin su permiso expreso no publicar su foto?
Durante dos meses he pensado sobre ello e incluso a alguno os lo he comentado por correo. Y mis pensamientos me han llevado por distintos razonamientos. Permitidme que os explique:
Lo primero en lo que pensé fue que si fuera una persona anónima a la que hubiese tomado una foto y utilizado para ilustrar el texto a nadie le importaría. De hecho la mayoría de mis textos están ilustrados así. Luego si no dijese que era él nadie debería quejarse, pues se trataría simplemente de un desconocido. Si observáis mi texto, en ningún momento hago referencia a que el chico de la foto es Xiao. Aunque lo es.
A continuación pensé en que si contase la historia de un conductor de Rickshaw y publicase su foto tampoco a nadie le parecería mal. Internet está llena de historias de gente que ha conocido gente. Y los primeros que lo hacen son los reporteros. ¿Acaso un periodista por tener un título tiene derecho a contar historias sobre personas y los demás no? Evidentemente no. Y conté la historia de Dien en el post "Saigon" ilustrándolo con su foto.
Luego el problema se podía circunscribir a que una parte de la historia tenía contenido sexual. No era mi intención escribir una entrada sobre un polvo, sino contar una historia sobre una persona con la que compartí catorce horas maravillosas en las que efectivamente había sexo, pero en las que también hubo risas, conversaciones, una cena divertida, bromas, un paseo al anochecer por la ciudad y sobre todo mucha, mucha complicidad. No sé si lo logré.
El sexo es tabú hoy en día y aunque la mayoría de la gente consume porno, les da pudor hablar de su propia sexualidad. Yo no soy quien para oponerme a los sentimientos de cada uno y menos para dar clases de moral, así que admito que hablar de ello o exponer públicamente la foto de un persona que haya tenido sexo conmigo sin su permiso puede violentar su privacidad.
Pensé entonces que los pocos lectores de este blog eran probablemente de habla española. Casi todas mis visitas provienen del continente americano y de España. Un porcentaje menor de Europa (supongo que de hispanohablantes afincados), y un surtido de visitas del resto del mundo que probablemente lleguen por error a través de las fotos. Luego si escribiese una entrada sobre un chico de Madrid, Buenos Aires, Lima o México DF, alguno de mis lectores podría conocerle o encontrarle y hacerle sentir incomodo.
¿Pero que ocurre si cuento la historia de un chico de Vietnam, Camboya, Kenia, Kazajistan o cualquier país de habla no hispana? La probabilidad de que alguno de mis lectores alguna vez se encuentren con este chico es remota, por no decir que fuera de los límites de la probabilidad.
¿Puedo entonces contar su historia? Mi conclusión es que sí, que el supuesto daño que le pueda hacer el contar "nuestra" historia aquí, incluso publicando su foto, es menor incluso que el daño que provocan los rumores que corren habitualmente entre los compañeros de trabajo.
Pero igual estoy equivocado. Eso os lo dejo decidir a vosotros.
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