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lunes, 12 de julio de 2010
Anábasis
En el siglo V antes de Cristo el joven Ciro quiso arrebatarle la corona persa a su hermano Artajerjes II, el Rey de Reyes. Para eso reunió un gran ejército cuyo eje principal era un grupo de 10.000 mercenarios griegos que soñaban con reeditar las gestas contra los persas de Platea y Maratón que sus mayores les habían contado. Eran veteranos de las guerras del Peloponeso y estaban curtidos en mil batallas.
Cruzaron Anatolia y siguieron el curso del río Eufrates para llegar hasta la misma Babilonia. Allí en una gran victoria derrotaron a los ejércitos de Artajerjes en la batalla de Cunaxa. Pero durante la lucha murió el pretendiente Ciro. El ejercito se desbandó y se pasó en masa al bando de Artajerjes. Sólo los griegos se mantuvieron firmes y unidos.
De repente lo que era una gran victoria se convirtió en una trampa. El ejército griego estaba sólo, aislado y sin líder en mitad de un imperio persa hostil. El espartano Clearco se hizo cargo del mando pero fue asesinado durante las negociaciones con los persas. El ático Jenofonte, que fue discípulo de Sócrates, fue elegido como uno de los nuevos estrategos para dirigir el ejército. Su relato de lo que siguió es conocido como la Anábasis o la marcha de los 10.000
El ejército inició así una larga marcha hacia el norte hostigado por el ejército persa que buscaba aniquilarlos para dar ejemplo y disuadir futuras campañas griegas. Fueron 4.000 km de penurias remontando el Tigris y atravesando Armenia. No conocían el camino, no tenían mapas ni sabían de que iban a alimentarse. No sabían si conseguirían llegar hasta el final, pero se mantuvieron unidos sin desfallecer y consiguieron alcanzar el mar negro y su libertad, reflejando su alegría en el grito eufórico de Thalassa, Thalassa (el mar, el mar).
Anábasis significa "expedición hacia el interior".
A finales de abril de 2010 un filogriego llamado Parmenio se encontró solo e inició su propia anábasis. No sabía donde se encontraba ni que hacer. Estaba agotado y buscó un camino a la desesperada. No sabía hacia donde se dirigía ni siquiera si existía ese camino. Pero poco a poco se unieron a él algunos que le dieron su apoyo. Han pasado poco más de dos meses y medio. 83 largos y complicados días, y junto a él se han reunido sus 10.000.
Y como los de Jenofonte, sus acompañantes son de distintas polis y paises diversos, pero todos están ayudando a Parmenio a encontrar su camino. Sus soldados son españoles, mexicanos, argentinos y norteamericanos principalmente, pero también nutre sus fuerzas con la valiosa aportación de chilenos, colombianos, uruguayos y peruanos desde América y franceses, italianos, alemanes y británicos desde Europa. La lista es extensa, abarca todos los continentes y no se puede reproducir aquí, pero hasta 67 paises han acompañado a Parmenio en su "expedición hacia el interior".
No se si Parmenio podrá gritar thalassa, thalassa algún día, ni si al igual que Jenofonte, podrá contar el final de su Anábasis, pero si sabe que sin sus bravos compañeros no habría podido seguir.
Gracias. Efharisto poli.
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