Circuncisión es una palabra que no es demasiado agradable de oir cuando uno ya ha sobrepasado la adolescencia. Es como el acné, que lo asocias a un época de tu vida y que cuando alcanzas el cuarto de siglo piensas que es algo del pasado. Si no lo tuviste agradeces el haberte librado, y si tuviste que lidar día a día con él minusvalorando tu autoestima, dejarlo en el pasado es un alivio mental y social.
Con la circuncisión ocurre lo mismo. Por razones religiosas a muchos niños se les practica la circuncisión siendo recién nacidos. Es discutible que se haga a edades tan tempranas, ya que en la mayoría de las veces no es necesario por razones médicas y además el niño no puede opinar a pesar de ser una mutilación irreversible. Pero la religión es fe, no ciencia.
Entre los que no se les realiza esta circuncisión religiosa existe también un porcentaje que se lo realiza cuando empieza a tener relaciones sexuales. Suelen ser casos de fimosis en los que la abertura del prepucio es demasiado estrecha para liberar el glande. Suele detectarse entre los 13 y los 25 años, dependiendo de su precocidad sexual y es necesario para poder tener relaciones sexuales completas. Los niños, tras vencer su vergüenza a revelar el problema o tras descubrirlo una revisión rutinaria, no les queda más remedio que acatar la decisión de los padres y someterse a la operación.
A partir de ahí ya los chicos respiramos aliviados de habernos evitado pasar por ese mal trago. O al menos así lo creía yo. Hasta hace poco más de un año.
Ya he contado en alguna ocasión que tuve relaciones sexuales con mujeres durante una época de mi vida. Por una parte la fogosidad juvenil requería de un desahogo y por otra la presión social de verte con mujeres hacía que te lanzases a aventuras sexuales innecesarias. Con los años estas fueron disminuyendo en cuanto a su periodicidad hasta prácticamente cesar. Yo lo achaqué a una asexualidad o misoginia. Estaba confuso y han sido necesarios muchos años para que descubriese la verdadera razón. En cualquier caso no tuve nunca problemas para "cumplir" y el fantasma de la circuncisión desapareció de mi mente.
Hace dos años tuve de nuevo relaciones sexuales. Pero esta vez con hombres. Y pronto me di cuenta de que tenía algunas pequeñas molestias. Al principio pensé que eran debido a una falta de práctica o a que la forma de tener sexo con varones no es estrictamente igual. Creí que desaparecerían con el tiempo pues yo no tenía fimosis de ningún tipo. Pero las molestias continuaron.
No es que me impidan tener sexo, pero sí que sufro de pequeños dolores al empezar que desaparecen una vez iniciada la penetración. Pero el problema se manifiesta realmente en las horas posteriores. Noto mi pene irritado y excesivamente sensible. Es como si me hubiese masturbado con papel de lija.
El primer susto lo tuve hace año y medio. Un domingo me levanté y me encontré con el prepucio totalmente inflamado, produciendo una fimosis temporal. Rápidamente me fui a urgencias y tras esperar casi una hora una uróloga de guardia me recibió. Debía de estar en prácticas porque no sabía que hacer. Me dijo que si no se podía liberar el glande habría que circuncidar. Le respondí que era un problema puntual y no de fimosis permanente y que prefería otra alternativa. Me dieron unos antibióticos y la inflamación bajó hasta desaparecer.
Olvidé totalmente el tema durante unos meses hasta que el problema se produjo de nuevo. Otra vez el prepucio totalmente inflamado. Esta vez directamente me tomé el antibiótico y en unas horas desapareció la hinchazón. Pero a partir de este momento creo que empece inconscientemente a tener un poco de miedo. Cada vez que tenía relaciones sexuales empezaba con mucho cuidado temiendo producir una irritación que me lo inflamase de nuevo. Y las molestias persistían.
Creo que poco a poco ha ido influyendo en mis relaciones sexuales y que me impide concentrarme plenamente en disfrutar. Lo hablé con Tony hace ya unos meses y me recomendó circuncidarme si las molestias persistían. Pero yo me resistía a dar el paso.
En marzo pasado decidí visitar a un urólogo y tras examinarme me dijo que él no veía ningún problema. Que con el pene en reposo todo está bien y que no me iba a examinar con el pene erecto. Me chocó mucho esa frase y pensé que su actitud era la de un bombero que hace un plan de incendios pero que si hay llamas no quiere acercarse. Pero me dijo que a pesar de estar todo bien si tenía molestias al practicar sexo la única solución es la circuncisión. Y acepté.
Firmé los papeles porque me dijo que probablemente no sería antes de junio y pensé que tendría tiempo para arrepentirme si quería. Han pasado dos meses y la fecha se acerca. Aún no me han llamado, así que podría ser dentro de una semana o dentro de dos meses, pero la verdad es que estoy un poco asustado. He estado leyendo sobre la operación y el postoperatorio y casi mejor que no lo hubiese hecho. Si la operación va bien los puntos me duraran entre una y dos semanas antes de caerse solos y luego tendré que estar un mes sin ningún tipo de relacion sexual hasta que todo cicatrice. Si todo va bien claro, porque he leido historias que aterrorizarían al más templado.
Le tengo una pequeña aversión a las agujas y aunque a fuerza de voluntad las soporto no son plato de mi gusto. Y pensar que me van a poner una anestesia justo "ahí" me pone enfermo. Me pongo a sudar sólo de pensarlo. Sé que es una tontería y que miles de personas pasan por esta operación diariamente y que es poco más que rutinaria, pero no puedo evitarlo. Me angustia.
Pero lo que más me fastidia es que la decisión de operarme la he tomado yo y no el médico. Se ha lavado las manos y ha delegado la decisión en mi. Y me entran las dudas ¿Y si me estoy equivocando y no se solucionan mis problemas? Habré pasado por un calvario innecesario que además no tiene vuelta atrás.
Voy a seguir adelante porque creo que es lo mejor.
Pero dudo.
Y tengo miedo.