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domingo, 2 de octubre de 2011

Bajo el sol del pasado


El sol en la playa va dorando nuestra piel a fuego lento cuando sin darnos cuenta pasamos muchas horas bajo su mirada. Pero no sólo calienta nuestra superficie, sino que poco a poco penetra en nuestro interior calentándo también nuestro cerebro. En algunos produce dolor de cabeza e insolación y en mi, como si estuviera realizando la fotosíntesis, acelera mis pensamientos y los lleva a razonamientos insospechados.

Este verano estuve unas semanas en la playa sin demasiado que hacer, sin demasiado que observar y sin demasiado que soñar. Pasé muchas horas tumbado en la arena bajo ese sol que acariciaba mi piel y mi mente entró en ebullución incapaz de contener el borbotón de pensamientos incontrolados. Y uno de ellos me inquietó.

Al igual que el Aschenbach de "Muerte en Venecia", uno de mis entretenimientos era mirar a la gente que paseaba por la orilla. Es un pasatiempo banal, pero que llenaba mis ratos muertos con la variedad de la gente. Y entre ellos, como si de un Tadzio reencarnado se tratara, un adolescente de quince años salió del agua y parándose en la orilla agitó su pelo al viento para descargarlo del agua salada. Pero a diferencia del personaje novelesco, a este chico si lo conozco. Es el sobrino de mi amigo Nathan.

He tenido muchas oportunidades de tratarlo y conversar con él. Incluso me han invitado a comer con toda su familia un día y lo tuve sentado enfrente durante todo el refrigerio. Y siempre que hablo con él tengo la misma sensación. Es gay.

Nadie en su familia parece notarlo, o al menos los comentarios y conversaciones nunca parecen indicar esa posibilidad, pues siempre le están haciendo bromas sobre "esas novias que tienes escondidas" o "seguro que las tienes a todas locas por ti". A Nathan tampoco se le ha debido pasar por la cabeza la idea, porque estoy seguro de que me habría dicho algo. Cuando salí del armario descubrí que era un mundo tan ajeno a él que no sabía ni como tratar el tema. Tenía curiosidad e intentaba ayudarme pero se sentía confuso sobre como abordarlo. Si tuviera la más mínima duda de que su sobrino fuese homosexual estoy seguro de que vendría a pedirme consejo.

Es posible que ni el propio chaval lo sepa y se encuentre todavía en esa fase de ambigüedad e indefinición en la que se siente inseguro sobre su sexualidad. O quizás sí lo sabe pero aún no se siente con fuerzas para afrontarlo y salir del armario con una familia que es muy conservadora y religiosa. Casi cercana al Opus Dei.

En verano solemos quedar a jugar a las cartas por las tardes, y entre los habituales, además del propio Nathan, están su hermano y su cuñado, el padre del chico. Su hermano me sorprendió este verano, una noche en que estábamos de copas, con un discurso homófobo que parecía salido del pasado. Me desconcertó mucho, porque había meditado pedirle a Nathan que le dijera que yo era gay. Pero me siguen doliendo tanto este tipo de comentarios que no lo hice y lo dejé correr. El padre del chico también es de hacer chascarrillos a costa de los "maricones", aunque suele ser más moderado. Pero me temo que se tomaría muy mal que su hijo formara parte de "ese grupo", blanco de sus bromas.

Teniendo en cuenta ese ambiente familiar, previendo el conflicto interno que se le puede plantear al chico, y para evitarle futuros sufrimientos, me preguntaba si yo debería hacerle algún tipo de insinuación o comentario a Nathan para prepararle ante esa eventualidad y que estuviese atento para ayudarle. Me gustaría evitarle todo sufrimiento en la medida de lo posible.

Mi radar gay tampoco es muy fiable que digamos, y temo equivocarme y meterme donde no me llaman, pero por otro lado a mi me habría gustado que alguien me hubiera ayudado o dado un empujón para ver la verdad cuando tenía su edad.

Y todo esto me lleva a pensar que si hubo acaso bajo el sol del pasado algún Aschenbach que se dio cuenta de que yo era un gay adolescente y dejó morir en la playa sus deseos y mi futuro.

sábado, 4 de junio de 2011

BiblioMEMEfilia


No hay nada como dedicar unos días a leer los blogs de los demás para descubrir que a pesar de que ya casi no escribo por falta de tiempo, no tienen ningún reparo en encargarme más trabajo. Creo que lo hacen para evitar que siga contando mis batallitas de abuelo, pero no se saldrán con la suya y no evitarán que aparezca una y otra vez por aquí con toda una vida por contar. Esta vez ha sido un meme sobre literatura que me han enviado Pancho y Gary Rivera, y yo que soy muy cumplidor, a la par que lector impenitente, no tengo ningún reparo en hacerlo. Todo lo contrario, pues amo los libros.

El último libro que he leído: "La carretera" de Cormac McCarthy. Una deprimente descripción de un mundo postapocalíptico en los que un padre y su hijo siguen una carretera con el objetivo de llegar al mar en busca de los últimos restos de una civilización que ya no existe. Es la búsqueda de un Shangri-la remoto que mantenga la esperanza de un renacer. No apta para momentos depresivos ni para padres sensibles con retoños menores de edad.

Un libro que cambió mi forma de pensar: Creo que todos los libros te hacen cambiar de forma de pensar. Penetran en ti y dejan un poso en tu subconsciente que modifica poco a poco tu percepción de la vida moldeando tus comportamientos, pero si de alguno se puede decir que cambió mi forma de pensar a corto plazo ese fue "La Biblia". Y no en el sentido que imagináis. La empecé a leer con diez años, un poco después de mi primera comunión. Empecé por el génesis y un mes más tarde llegué al Apocalipsis. Descubrí que la interpretación que le daban los sacerdotes difería bastante de los hechos que se contaban. Los significados estaban tan forzados para defender sus ritos que a veces eran prácticamente irreconocibles. Ahí empezó mi desafección por la Iglesia Católica, pues cada vez que les oía un sermón me retorcía en los bancos queriendo gritar "no es eso lo que dice la Biblia". Supongo que algo parecido fue lo que sintió Lutero. Pero yo no clavé 95 tésis en la Iglesia de Wittenberg.

El último libro que me hizo llorar: Esta pregunta es muy dificil, pues el ritmo de lectura cadencioso hace que los sentimientos se acompasen y las lágrimas se retengan. Tendría que remontarme a mi infancia cuando recuerdo que lloré con "Los muchachos de la calle Pal" de Ferenc Molnar. Qué final más triste y como me identificaba con el pequeño Nemecsek. Guardo tan buen recuerdo de esta novela que no me atrevo a releerla por si era demasiado juvenil.

El último libro que me hizo reír: Entiendo que la cuestión se refiere a que su tema es humorístico y no a que su contenido es tan patético que solo mueve a risa, pues alguno de este estilo he leído por desgracia. Obviando esta segunda posibilidad y teniendo en cuenta que no leo casi literatura de humor, mi respuesta es clara, cualquiera de Terry Prattchet y su serie del Mundodisco. Mejor los primeros que los últimos en los que se nota el desgaste de la fórmula, pero lo sigo leyendo porque de vez en cuando saca perlas como "Dioses Menores" que son una delicia.

Un libro prestado que no me han devuelto: Debo decir que soy bastante afortunado en este aspecto. Siempre me ha gustado compartir mis libros y prestarlos con la ilusión de que los demás los disfrutarían tanto como yo. Y además he tenido la suerte de que me los han devuelto siempre. Al menos que yo recuerde. Y si alguno no lo recuerdo, o el libro era malo o ya le he perdonado y su delito ha pasado al olvido.

Un libro que volvería a leer: Hay libros que he leído y he vuelto a leer varias veces a lo largo de mi vida, como puede ser "El señor de los anillos" de J.R.R Tolkien, y hay libros de los que guardo un recuerdo tan grato que sé que un día volverán a pasar por mis manos para que descubra en ellos de nuevo aquello que me deslumbró. Si tuviese que elegir uno ahora, me viene a la memoria "Olvidado Rey Gudú" de Ana María Matute. Un deleite para recrearse en un mundo de fantasía engarzado en una prosa exquisita que roza la poesía.

Un libro para regalar a ciegas: Hace años habría elegido una serie de títulos que estaba seguro que gustarían a todo el mundo, pero la edad  me ha hecho ver que las sensibilidades e intereses son más diversos de lo que yo creía y que no existe el libro perfecto para todo el mundo. Incluso los autores más consagrados tienen un sector de público que reniega de sus obras. A pesar de ello me voy a atrever con "El señor de la moscas" de William Golding, un libro que soporta tantos niveles de lectura que puede gustar a un niño que se sienta identificado con los protagonistas, a un lector de best sellers pues la trama empieza con una accidente de aviación en una isla desierta en la que hay animales extraños, o al lector más exquisito que busca en la literatura una función de crítica social. 

Un libro que me sorprendió para bien: Cuando tenía doce o trece años me mandaron leer en el colegio un libro de un autor que desconocía y que no me llamaba nada la atención. Empecé a leerlo con desgana y desde la primera línea me enganchó. No pude dejarlo hasta que lo terminé, y tras hacerlo volví a leer esas primeras líneas de nuevo, extasiado ante lo que prometían y lo que ocultaban: "El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo". El libro era "Cronica de una muerte anunciada" y ahí empezó mi idilio con Gabriel García Márquez. 

Un libro que robé: Nunca he robado un libro porque nunca he necesitado hacerlo. Los libros siempre han estado a mi alcance, ya sea a través de la biblioteca pública, de la del colegio, en casa de mis padres o intercambiando con los amigos. Soy un voraz lector que devoraba libros día sí y día también, y en estos sitios encontré muchos más de los que seré capaz de leer en una vida. Creo que he sido muy afortunado de tener ese acceso a la literatura desde tan joven. 

Un libro que encontré perdido: No puedo recordar ninguno relevante. En realidad sí que he encontrado algunos, en autobuses, en bibliotecas, en salas de hospital... La gente tiende a olvidarse de los libros cuando tiene otras cosas en mente que les preocupa, pero nunca me he quedado ninguno de ellos. Siempre los he devuelto al mostrador correspondiente por si volvían a buscarlo. A saber cuantos de ellos han acabado luego en la papelera. Una vez encontré un libro de Coelho apoyado en un arbol. Lo habían dejado haciendo bookcrosing y llevaba una etiqueta para hacerle el seguimiento por internet. Esa vez pensé que debía ser yo el que lo tirase a la papelera, pero mi bibliofilia me pudo y me contuve. Lo dejé allí suplicando que lloviese. 

El autor del que tengo más libros: Esta es fácil y ya lo he nombrado antes, Terry Prattchet. Acabo de contarlos y tengo 27 libros de él. Aunque de algunos autores tengo bastantes títulos, creo que esta cifra es imbatible por muchos años. Y el otro día vi que había publicado uno más. 

Un libro valioso: No existen para mi los libros valiosos per se. Lo importante es el contenido no el continente, y mi bibliofilia no cae en el fetichismo del coleccionismo o el completismo. Tengo muchos libros y me gusta contemplarlos, pero no porque sean bonitos o me enorgullezca de poseerlos, sino porque me traen recuerdos de sus historias y cuando los miro sueño de nuevo a través de sus cubiertas. 

Un libro que llevo tiempo queriendo leer: La lista es interminable. Tengo en mente cientos de libros que se han ido añadiendo año a año a una relación creciente y que sé que nunca podré abarcar. Los primeros que me vienen a la mente son "La montaña mágica" de Thomas Mann, "El corazón de las tinieblas" de Joseph Conrad, "El astrólogo y el Sultan" de Orhan Pamuk, "Confesiones de una máscara" de Yukio Mishima, "Los pazos de Ulloa" de Emilia Pardo Bazán, "El Conde de Montecristo" de Alejandro Dumas, "El general en su laberinto" de Gabriel García Marquez, "Seis personajes en busca de un autor" de Luigi Pirandello... y así podría seguir hasta el infinito. La vida es muy corta para tanta buena literatura.

Un libro que prohibiría: Si respondiese rápido diría que "Mi lucha" de Adolf Hitler, "El libro rojo" de Mao Tse Tung o cualquier libro de índole religiosa o ideológica que fomentase la exclusión, el pensamiento único o la supremacía de uno sobre otro. Pero si lo medito creo que no debe hacerse con ninguno, pues nos sirve para poder mostrar lo irracional del comportamiento humano. No podemos enseñar lo que es ético sin contraponer lo deshonesto. Ocultar lo que no nos gusta sólo lleva a una nueva repetición por desconocimiento. Es mejor educar que prohibir.

El próximo libro que voy a leer: Esta pregunta es imposible de responder para mi porque cada nueva incorporación a mi lista imaginaria trastoca el orden y recoloca todos de nuevo. Depende siempre de el momento justo de empezar a leer. Si ese día fue agotador en el trabajo buscaré algo ligero. Si fue aburrido algo que me estimule. Si tengo una tarde por delante libre me atreveré con un volumen gigantesco y si tengo tiempo intentaré localizar ese libro que simpre quise leer. Ahora en mi mesilla tengo esperando "El color prohibido" de Yukio Mishima, pero lleva ahí unos meses esperando su turno. Y siempre hay otros espabilados que se le cuelan cuando se distrae. La competencia literaria es una jungla. Incluso en la mesilla de noche.

Y como todo meme, tiene vida propia y debe ser pasado para que crezca y se multiplique. Como no he visto ninguna regla yo se lo pasaré a siete personas, que es un número mágico comunmente asociado a los libros y procurando no repetir a los que ya lo tienen para que lo continúen si les apetece. Y los afortunados son: Observatorio Gay Granatense, Adrianos, Ronronia, Erbitxin, Melvin, Damian y Rober Tenique.