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jueves, 15 de julio de 2010

La quinta pluma


Cuando era niño me encantaban las películas de aventuras, sobre todo las que transcurrían en tierras exóticas y lejanas. Crecí viendo esas películas en blanco y negro en las que Errol Flynn cargaba con toda la brigada ligera en la batalla de Balaklava sabiendo que iba hacia la muerte pero imperturbable en el cumplimiento de su deber. Compartí las penurias de Gary Cooper en "Tres lanceros bengalíes" sufriendo cuando los torturaban los crueles rebeldes indios y me emocioné con el fiel aguador Gunga Din tocando la trompeta para avisar a las tropas británicas camino de una trampa.

Mi corazón se encogía cada vez que veía aparecer un juramentado en "La jungla en armas" y mientras miraba a mi alrededor buscando donde esconderme, marcaba con mis manos agarrotadas el sofá. También me alisté en la Legión Extranjera y luché junto a un ejército de muertos en "Beau Geste" defendiendo un fortín perdido en el desierto. Y tuve un funeral vikingo con un perro a mis pies.

Más tarde, ya en color, descubrí los héroes torturados de Conrad y sufrí con Lord Jim en sus viajes por el estrecho de Sumatra y me abrasé con el tórrido sol bajo el cual Lawrence de Arabia paseaba su túnica blanca al son de la magnífica banda sonora de Maurice Jarre. Disfruté con un Burt Lancaster ávido de codicia ante la perspectiva de hacerse con todo el comercio de la copra en "Su majestad de los mares del sur" y me creí el heredero de Sikander junto a Sean Connery en "El hombre que pudo reinar".

Pero la película que más impactó mi impresionable mente infantil fue "Las cuatro plumas". En ella un brillante y prometedor oficial británico abandonaba su carrera militar justo cuando su regimiento es enviado a Sudán a luchar en la rebelión del Madhi. Sus tres mejores amigos, también oficiales del regimiento, le envían una pluma blanca para mostrarle su desprecio por lo que creen cobardía ante el enemigo. A ellos se suma su prometida que le envía la cuarta pluma.

Tras ser rechazado también por su padre se recluye en en un pequeño apartamento en Londres. Torturado por la pena y la vergüenza se entera que su antiguo regimiento ha sido emboscado y se encuentra en una difícil situación. Decide entonces embarcarse hacia África y se dirige a Jartum para devolver en mano cada una de las cuatro plumas y demostrar que no es un cobarde.

Esa imagen marcó mi infancia, y de niño siempre me esforcé en ser valiente para no recibir una pluma blanca. No quería ser tachado de cobarde y cada día demostraba que era digno de los demás. Pero mi mente infantil creció y olvidó la importancia del valor. Y poco a poco fui arrinconando en mi mente lo que no me gustaba. Lo ocultaba bajo la alfombra de mis neuronas creyendo que si no lo veía no existía. Y me hice merecedor de esas cuatro plumas.

Con cuarenta años por fin inicié el camino para devolverlas, aunque en este caso a quien tengo que buscar es a mi mismo. Aún no he devuelto las cuatro, pero Fernando me ha dado la quinta.

En su blog APOYO LGBT me ha dado el premio "La pluma dorada" por (copio textualmente):

"Parmenio: Otro ejemplo a seguir. Un chico que descubrió su verdadera orientación sexual después de un mar de dudas a la edad de 40 años. Pero esto no le ha impedido continuar con su vida, sino que sigue adelante y con la cabeza bien alta. Por eso mismo, le doy este premio, por ser un ejemplo de superación personal, y que demuestra que nunca es tarde para conseguir lo que queremos en nuestra vida."

Muchas gracias Fernando. De verdad. Me hace mucha ilusión que te acuerdes de mi y hayas escrito algo tan bonito. Espero conseguir devolver las cuatro primeras, pero esta me la quedaré y la luciré con orgullo.

Con Fernando me tomé hace poco uno de sus cafelitos virtuales. Lo hice muy a gusto, que la compañía era buena. Sólo espero tomarmelo algún día en persona con él. Si alguno no lo ha visto y quiere saber algo más de mi lo puede leer en su blog en este enlace.

Y por último, según las normas del premio, debo adjudicárselo a tres personas.

  1. A Davichini de Historeando: Por vivir cada día con una ilusión desbordante y hacernos partícipes de ello.
  2. A Pancho de Tigretón Tontón: Por hacerme reir y llorar con él y sus historias. Por sorprenderme y emocionarme.
  3. A Christian Ingebrethsen de Muros de Nubes: Porque Nietzsche vive en mi y no lo sabía. Por estar ahí.