Mostrando entradas con la etiqueta Rafael. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rafael. Mostrar todas las entradas
jueves, 5 de enero de 2012
Cuando los ángeles tienen sexo
Se apareció ante mi como hacen todos los ángeles, en silencio, emergiendo de la nada y sin que los oigas venir. Pero los ángeles ahora llegan por internet y utilizan messenger.
Creo que los ángeles tienen predisposición por las navidades, pues hay precedentes documentados desde hace dos mil años. O quizás trabajan por incentivos y tienen una cuota de sonrisas que obtener antes de cerrar el año. Y conmigo obtuvo superavit.
Estuvimos hablando el primer día un par de horas. Un suspiro nada más. Un batir de alas. Y me fui a la cama feliz. Hace un año. Hace nada.
Rafael, me dijo. Me llamo Rafael. Veintiún años. Y dos milenios de sonrisas a su espalda.
Hablamos todas las navidades. Cada tarde. Sólo un rato, pero que yo esperaba frente al monitor media hora antes con la ilusión infantil de repetir una y otra vez ese momento. Un día nos conectamos con la cámara y pude ver su risa contagiosa. No paraba de reir y yo sólo pensaba en contarle cosas que le hicieran reir infinitamente. Me hacía sentir bien y no podía dejar de sonreir al verle tan feliz.
Y un día a finales de enero desapareció.
Pasaron varios meses sin saber nada de él. Lo echaba de menos pero no había forma de localizarlo. Y las llamadas al cielo eran sólo para suscriptores. Pero un día de mayo bajó a la tierra de nuevo y me contó que se había ido a vivir a otra ciudad pero que había vuelto porque las cosas le habían ido mal. Ahora volvía a vivir con sus padres. No le pregunté más.
Nos empezamos a ver regularmente y descubrí que los ángeles tienen sexo. Y que además saben disfrutarlo sin prisa, con toda la tranquilidad que el cielo eterno les ha enseñado. Con él descubrí el paraíso. La perfección del sexo pausado y prolongado. Las caricias incontables y los besos infinitos. Y a pesar de las sesiones maratonianas, cuando se iba por la puerta dedicándome una última sonrisa, sólo pensaba en cuando iba a volver.
Con él fue el primero con el que me atreví de nuevo a tener sexo después de la operación. Y con él me ha sorprendido muchas noches, abrazados en la cama, la luz anaranjada de las farolas nocturnas que se filtra por la ventana.
Hasta el domingo pasado.
El lunes su padre miró su portatil y ha descubierto que es gay. Le ha gritado, le ha insultado y le ha humillado hasta conseguir borrar la alegría de su cara. Y le ha dicho que se vaya de casa.
Lleva tres días llorando, con la voz tomada y la desesperación en su cara. Por más que miro en el fondo de sus ojos e intento consolarle, no queda nada de ese chico que siempre reía sin parar. Su padre ha destruído sistemáticamente su confianza y es incapaz de darse cuenta de que no tiene un hijo, sino un ángel.
Y que hasta los ángeles tienen sexo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
