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miércoles, 7 de enero de 2015
Vidas paralelas
Jorge y yo nos conocimos con 11 años tras una curiosa carambola del destino. Un antiguo compañero de primaria suyo se mudó a Barcelona, recaló en mi clase y se convirtió en uno de mis mejores amigos. Un año después era yo el que abandonaba la ciudad condal y me presentaba ante sus antiguos condiscípulos.
Era el alumno más brillante de la clase. No sacar un diez en todas las asignaturas era un fracaso para él. Yo en cambio era más bien un pícaro con buenas notas que se contentaba con aprobar todo, holgadamente, pero sin esforzarme demasiado. Él era el comprometido y yo el hedonista. Pronto nos hicimos amigos.
Compartimos nuestro amor a la montaña y infinidad de noches en tienda de campaña. Recuerdo nuestras conversaciones eternas sobre religión, política, deporte, literatura y mil temas más bajo las estrellas. Él era idealista y yo pragmático. Él religioso y yo ateo. Pero nunca nos enfadamos. Conversábamos. Debatíamos. Compartíamos.
Cuando me apunté al equipo de atletismo Jorge se apuntó conmigo. Los dos éramos velocistas y empezamos a entrenar juntos. Los 100 metros lisos no eran más que otra extensión de nuestras charlas. Competíamos hasta la extenuación y es probablemente la única disciplina en la que recuerdo que fuese mejor que él. Cuando di el salto a los 110 metros vallas él heredó mi puesto en el equipo como velocista. Cuando fiché por un equipo profesional Jorge consiguió que lo ficharan conmigo.
Iniciamos la universidad juntos y compartimos apuntes, noches de insomnio y madrugadas de estudio. Como siempre él sacaba excelentes notas y yo las justas para seguir estudiando. Madrugábamos para poder conseguir un buen sitio en clase y debatíamos en los pasillos junto a la máquina del café sobre lo humano y lo divino.
Al terminar de estudiar la vida nos separó. Jorge encontró trabajo en México DF y no volvimos a vernos hasta diez años después, una noche de juerga loca en un bar bajo una densa humareda. No había cambiado. Su eterna sonrisa y su cara pecosa seguía siendo reconocible. Hacía una década que no nos veíamos pero conversamos como si el ayer no fuera distante.
En el 2006 viajé yo a México DF y sin saberlo estuve a dos manzanas de su oficina. Puede que hasta nos cruzásemos por la calle. Puede que hasta estuviese en el mismo bar donde solía tomarse una Negra Modelo por las tardes. Puede.
Hace poco más de un mes me localizó por Facebook y cruzamos unos mensajes. Había vuelto a España hacía menos de un año y ahora vivía en Madrid. Quedamos en vernos la próxima vez que yo fuera por allí o cuando él viniese a mi ciudad por navidades. Lo que fuese antes.
El día 8 de diciembre murió.
Una leucemia se lo llevó una semana después de que se la diagnosticaran. No tuvo tiempo. Ni de hablar conmigo.
Por unos conocidos comunes supe hace un par de años que era gay. Lo asumió cuando ya nos habíamos separado y nunca pudimos hablar sobre ello. Jorge no sabía que yo también lo era. No se lo dije. Esperaba nuestro reencuentro estas navidades con ilusión para decírselo y compartirlo como lo compartíamos todo cuando éramos adolescentes ingenuos.
Ya nunca lo podré hacer. Con él ha muerto una pequeña parte de esa ingenuidad que compartimos.
Te echaré de menos Jorge.
jueves, 7 de marzo de 2013
Seducción
Nunca he sido un gran seductor. Cuando era un adolescente hetero confundido por el poco interés que sentía por las mujeres, dejé sin desarrollar esa habilidad social que tantos éxitos reportaba a mis amigos. Los observaba con la curiosidad que puede sentir un naturalista ante el cortejo de apareamiento de dos cuerpos que retozaban entre la vorágine de luces de las discotecas. Pero no era para mi.
Mis conquistas, empujado por la presión social más que por el deseo, se debían más a hacer reir a las chicas que a una verdadera intención de atraerlas hacia mi. Era un efecto sobrevenido y en muchos casos no deseado. Así que cuando descubrí mi homosexualidad, pasados los cuarenta, me di cuenta de que no sabía que hacer para atraer a un chico.
En el otoño del 2010 me encontraba en Camboya visitando los templos de Angkor en Siem Riep, en un hotel para gays. Regresé sobre media tarde y, tras relajarme un rato en la piscina, subí a mi habitación con muchas horas libres por delante. Me conecté a internet y entré a una página de contactos que tan buenos resultados me había dado en Saigón. No tardé en tener bastantes ofertas para quedar y escogí una de ellas. Un chico menudo y sonriente que me propuso quedar a tomar una copa en el bar de un hotel bastante conocido de la localidad. Y acepté.
Tras preguntar donde estaba el FCC Hotel, y entre las risas cómplices del personal del hotel que intuían el porqué de mi pregunta, acudí hasta allí paseando. Una gran terraza junto al río y una música suave me recibieron. Y sentado en un gran sillón me esperaba mi cita, bajo las estrellas y con un gran fular al cuello, ajeno al calor sofocante de la noche.
Me dijo que se llamaba Steve, aunque sus rasgos delicados, entre filipinos e indios, denotaban un origen cláramente asiático. Pedimos unos zumos deliciosos y charlamos durante una hora antes de que me propusiese que siguiésemos la conversación paseando junto río. La luz de la luna nos acompañaba y algunas parejas, todas heterosexuales, se sentaban acarameladas en las riberas. Le pregunté si solían ir por allí también las parejas gays y lo negó con la cabeza mirándome con sorpresa.
Parecíamos dos adolescentes inexpertos a los que la timidez impedía dar un paso más. Rocé nuestras manos y acompasó su paso para no separarlas, pero evitando que se la cogiese. A ratos se separaba un poco cuando nos cruzábamos con alguien, pero daba de nuevo un paso discreto hacia mi cuando se perdían a nuestra espalda. Recorrimos toda la ribera hasta llegar a la zona de bares y cruzamos el río para regresar por la otra orilla hasta el punto de partida. Le miré, preguntándole con los ojos y me dijo que nos fuésemos a sentar en los jardines reales, cosa que le agradecí, pues mis pies doloridos de todo el día saltando entre las piedras de los templos me pedían una tregua.
Nos sentamos en la hierba fresca y charlamos un rato más. Me contó que no era camboyano, que había llegado a Siem Reap buscando trabajo, pero que su sueño era venir a Europa. No sabía dónde. Le daba igual, pero a Europa. Me habló de otros chicos e insistió mucho en que él no era un "moneyboy", un chapero a la caza de turistas, a pesar de que se lo habían ofrecido muchas veces. Me habló de su vida, de que había estado en Nepal y muchos otros lugares. Yo le conté cosas de España y de su Europa soñada, haciéndole ver que tampoco era el paraíso ni El Dorado, pero me dijo que le daba igual, que su futuro estaba allí.
Hablamos durante media hora más y pensé que no pasaríamos de ese punto, de una agradable charla. No me importaba, lo estaba pasando bien, pero el chico me gustaba.
De repente una idea me cruzó por la cabeza, y me tumbé en la hierba justo delante de él mirando las estrellas. Puse mis manos detrás de la cabeza haciendo subir mi camiseta levemente y dejando, descuidadamente, sobresalir el calzoncillo de mi pantalón. Noté como dudaba durante un par de minutos pero poco a poco dejo resbalar su mano sobre mi ombligo, jugando a su alrededor, primero con un dedo, luego con toda la mano. Subió por mi pecho y bajó hasta juguetear con la goma de mi calzoncillo, sin atreverse a pasar de ahí. Le miré con una sonrisa, animándole, y la deslizó suavemente por debajo. Un minuto después estábamos besándonos.
A unos treinta metros, cuatro polícias nos daban la espalda charlando animadamente ajenos a lo que ocurría detrás de ellos y la sensación de lo prohibido hizó más excitante el momento. Rodamos por la hierba hasta quedar medio cubiertos por un pequeño montículo y el ruido de nuestros cuerpos sobre la hierba hizo que uno de ellos mirara en nuestra dirección. Nos quedamos inmóviles y abrazados mientras su mirada recorría el parque buscando en la oscuridad. La luz de una linterna pasó rozándonos sin descubrirnos y el policía regresó a su charla.
Le besé de nuevo suavemente y me propuso ir a su casa. Nos deslizamos en la oscuridad hasta cerca del río y allí paró a un chico con una motocicleta con quien negoció que nos llevara. Nos montamos los tres y se dirigió hacia las afueras recorriendo callejones oscuros, atravesando patios y despertando a todos los perros del vecindario que ladraban a nuestro paso.
Acostumbrado a los diminutos estándares de los pisos europeos me sorprendí de que su casa era enorme, con un jardín inmenso. Encendió una luz y tras mirarme la apagó de nuevo arrojándose a mis labios. En la oscuridad nos besamos durante un buen rato mientras nos quitábamos la ropa. Desnudos, bajo las estrellas, acabamos besándonos bajo el agua de una ducha mientras la luna arrancaba reflejos de nuestros cuerpos.
Hoy Steve vive en Bélgica y sigo en contacto con él.
viernes, 7 de septiembre de 2012
Tórrido verano de Grindr y lujuria
Acabadas ya la primera mitad de mis vacaciones hace ya unos días y anclado de nuevo en mi rutina, paso mi tiempo ahora entre un calor sofocante, la lectura compulsiva de otros blogs, el trabajo atrasado y los sueños de espuma y olas.
Pero debo reconocer que lo he pasado bien con mis amigos por Salou. Descansar he descansado poco, que ser el único soltero entre un grupo de cuarentones con hijos ha hecho que fuese el único que me apuntase a todo lo que se organizaba. Cenas, playa, partidas de cartas, copas, buceo, barbacoas, lectura o paseos en bicicleta al amanecer a desayunar huevos fritos con butifarra.
Entre todos me han cuidado como si fuese ese hijo descarriado que vuelve por navidad. Me han invitado a comer a sus casas y me han llevado de paseo a Sitges. Y digo que me han llevado, porque estando de tertulia una noche se hablo de lo bonito que era y que todos habían estado alguna vez. Todos menos yo. El único gay entre ellos y no había estado en la segunda Meca española de la gaycidad. Me miraron con sorpresa y uno me dijo que me llevaba. Y eso, en una persona que se siente obligado a reafirmar su heterosexualidad ante cualquier broma que mínimamente cuestione su virilidad como macho alfa, es de un mérito extraordinario.
Porque mis amigos aún no se han acostumbrado a que sea gay. A veces se sienten cohibidos, sobre todo ellos, al hacer un comentario o al utilizar expresiones de uso común como "es una mariconada" o al comentar que de la belleza de los hombres no entienden. Muchas veces corrigen sus frases en el último momento, mirándome, cuando se dan cuenta de que me pueden ofender. No lo hacen con mala intención, pero no lo pueden evitar. Y noto que se sienten avergonzados de utilizarlas. Saben que soy gay pero no me identifican con el estereotipo que tienen forjado en su mente. Siguen pensando en mi como heterosexual. Es curioso, pero creo que si tuviera pluma se sentirían más cómodos.
Pero el tener niños hace que la mayoría se retiren a sus casas temprano y la mayoría de las noches a la una ya estén durmiendo. Y mi insomnio permanente me impedía irme a casa. Así que muchas noches he deambulado sólo por la playa sin más compañía que los paseantes tardíos que regresaban de cenar, las risas de los jóvenes de botellón y el sereno arrullo del mar. Y mi móvil.
Porque aprovechaba para encender el móvil y conectarme al Grindr, que para el que no lo sepa es un programa para hablar y chatear con otros gays y "forjar" nuevas amistades. Eso dicho con toda la sutileza de la que soy capaz, claro. Porque otros lo definirían con palabras más explícitas. Y más directas.
Durante esos paseos nocturnos he chateado con mucha gente y muy variada. El primero de ellos un chico de 30 años que se encontraba a unos 100 kilómetros de donde yo estaba y con el que me estuve riendo durante un par de noches en una batalla de ingenio verbal. Nos intercambiamos teléfonos y continuamos por whatsapp durante el día. Pero cuando me propuso que recorriera esa distancia para "conocerle" y le dije que no podía porque estaba con amigos, me dijo claramente que entonces no le interesaba para nada. Directo y conciso. Se despidió con un "hasta nunca".
El segundo fue uno de 23 años, sin foto ni ningún texto o frase ocurrente en su perfil al que mentálmente identifiqué con el sobrenombre de Mr. monosílabos. Su conversación se redujo a un
- ola
- Hola
- qtl
- Bien, disfrutando de un paseo nocturno por la playa ¿y tu?
- sex?
- No, gracias
Unos días después, me volvió a escribir y la conversación fue similar. En profundidad y extensión. Aún lo intentó una tercera vez. Esta vez se había cambiado el nick pensando que no me daría cuenta, pero los chats anteriores se mantienen aunque te cambies el nombre. Tras mi tercera negativa y no entendiendo que me negara a los encantos de su juventud, añadió un "pq?" Se lo explique y dio la callada por respuesta. No volví a saber de él.
El tercero fue un chico que me escribió en catalán. Aunque no lo hablo lo entiendo bastante bien y la conversación se prolongó durante un par de horas. Él siempre hablando en catalán y yo siempre en castellano. Pero manejarme en un idioma que no hablo me resulta agotador y se lo hice notar, explicándole que aunque lo podía más o menos seguir, no era catalanoparlante. Me respondió que aunque él entendía el inglés no era angloparlante. En catalán, por supuesto. Ahí se acabó la conversación. Supongo que se acostó contento de su victoria moral frente a mi "agresión" españolista.
Un hombre de unos 55 años y con un ligero parecido a Paquirrín me escribió una noche, y tras unos preámbulos de buena educación me pidió quedar y pasar la noche juntos. No era mi tipo y se lo dije. Con mucha educación lo lamentó y se despidió deseándome unas buenas vacaciones. Tenía claro lo que quería y no quería perder el tiempo, pero en todo momento fue cortés y no se enfadó ni se despidió "a la francesa". Un caballero.
Un chico latino de 20 años, muy guapo y con una sonrisa preciosa me ofreció quedar en su casa al día siguiente tras una conversación muy divertida. La verdad es que me gustaba, y yo, que no soy de piedra, noté como mi lujuria crecía por momentos. La abstinencia obligada que llevaba me hizo aceptar rápidamente. Por fin, pensé con una sonrisa. Pero el chico trabajaba en hostelería con unos horarios maratonianos y el único momento en que podía quedar con él era renunciando a estar ese día con mis amigos. Son pocos días los que les veo y no quería perderme ni uno de ellos. Lo intentamos varias veces pero no coincidimos en ningún horario. Con todo mi pesar me quedé salivando. Como un perro de Pavlov. Pero sin premio.
El sexto fue un chico británico de 26 años. Muy simpático y hablador. De madre española y padre londinense, estaba de vacaciones unos pocos días en Salou. Charlamos varias noches de temas muy variados e interesantes. Era un gran conversador y muy inteligente, a la par que provocador y "travieso". Los dos queríamos quedar pero ni el disponía de sitio ni yo tampoco, que estaba pasando las vacaciones con mis padres. Me llegó a proponer ir a una playa del delta del Ebro, extensa, llena de dunas y muy solitaria, pero a casi dos horas de coche. Me pareció excesivo. Mi economía no me permite pagar un depósito de gasolina sólo por echar un polvo. Tampoco pagar una noche de hotel. Así que también quedó en nada. Pero las conversaciones siguieron. Daba gusto hablar con él y me lo pasé muy bien. Se despidió invitándome a visitarle a Londres si alguna vez iba por allí. Se comprometió a enseñarme el ambiente gay y a llevarme a un "sitio que me gustaría". Quien sabe si en un futuro...
Hubo muchos más durante esos días. A unos les escribí yo, como a un chico belga guapísimo que vivía cerca de mi y que nunca me respondió. Otros fueron ellos los que dieron el primer paso, pero ninguno me pareció interesante como para quedar. Así que mi castidad quedó intacta durante esos días. Salvo por Jorge...
Pero eso es otra historia.
viernes, 20 de abril de 2012
Érase que se era...
... un potro que creció como un Bucéfalo asustado dándole la espalda a una sombra que le perseguía sin poder saber lo que era. Miraba por el rabillo del ojo y ahí estaba, unas veces más grande y otras casí diminuta pero siempre amenazante. Corrió y corrió hacia adelante huyendo de lo desconocido y cabrioleando cuando ésta le adelantaba casi siempre por sorpresa. Cambiaba de dirección dejándola atrás hasta que tarde o temprano lo alcanzaba de nuevo en una carrera que no parecía tener fin. Su caracter se volvió más y más asustadizo y empezó a rehuir la compañía de las yeguas que se le acercaban, pues al pararse y prestarles atención su sombra siempre se interponía entre ellos.
Un día, agotado, se tumbó y un joven, sin saber lo que hacía, posó sus manos sobre él consiguiendo inmovilizarle hasta que quedó, sin posibilidad de escape, frente a su eterno perseguidor. El miedo lo atenazó paralizándolo totalmente y sus relinchos inconexos al fin reconocieron en su perseguidor la parte de él mismo que nunca pudo ver. No volvió a ver a su Alejandro Magno de mirada triste, pero su recuerdo borroso lo acompañará para siempre.
Jugó en silencio con su sombra, sorprendido de que siempre hubiese estado ahí y recordó como en el pasado intentó ponerse frente a ella para que la reconociese aunque él siempre huía al menor atisbo de su presencia. La examinó, primero con miedo y luego desconcertado hasta que fue consciente de que era parte de sí. La miró desde todos los ángulos y durante meses la observaba sin atreverse a jugar con ella. Estaba ahí pero no era parte de él, sólo un reflejo oscuro que se negaba a marcharse.
Un día decidió enfrentarse a ella y salió a correr de espaldas al sol. Su sombra empezó a correr huyendo de él. Y cuanto más se afanaba más corría ella. Si se detenía, ella, burlona, lo hacía también incitándolo a seguir. Y poco a poco ese potro, que dejó atrás su juventud huyendo, se transmutó en un Peter Pan que la perseguía por todos los rincones para coserla a sus pies y volver al fin a un país de Nunca Jamás que no había conocido antes. Y mientras la perseguía, con cada salto que daba tras ella, notaba como las fuerzas perdidas brotaban de sus músculos agotados.
Han pasado casi tres años y medio desde que se enfrentó a su sombra y hoy cumplen dos desde que sus patas empezaron a garabatear temblorosas en este blog. Muchas cosas han cambiado, pero ese potro, ya maduro, sigue corriendo en pos de esa libertad que ya no ve tan lejana.
Esta entrada es para ti, que ahora lees esto y corres junto a mi en este galope embriagador.
Gracias.
De corazón.
miércoles, 22 de febrero de 2012
30 preguntas y una amistad
Hoy me gustaría empezar dando las gracias a todos los que habéis comentado y respondido la entrada anterior. El tema era delicado y no tenía muy claro como tratarlo, pues podía llevar a malinterpretaciones que no deseaba suscitar. Pero habéis respondido todos por encima de mis expectativas, con comentarios muy dispares pero argumentando cada uno su postura con mucho respeto. Aún estoy dándole vueltas y no he tomado ninguna decisión, entre otras cosas porque en este momento me siento un poco agotado mentalmente por la cantidad de respuestas, que me han "obligado" a meditar sobre aspectos que no se me habían ocurrido. Creo que nunca había escrito tanto en tan poco tiempo, y creo que con la longitud de los comentarios y respuestas se podía haber hecho casi un blog completo. Espero que si alguien se las ha leído todas le hayan resultado tan interesantes como a mi.
Así que hoy voy a escribir algo más ligero que desengrase un poco mi cabeza. Empezaré por agradecer a Akasha, una bloguera mexicana que recientemente se incorporó a mi blog, su premio a la amistad y sus bonitas palabras:
Para Parmenio, por su blog Despertar gay a los 40, porque me fascinan sus historias y sobre todo admiro su valor.
Muchas gracias Akasha por acordarte de mi y por pensar que lo que escribo es por tener valor. Julio Cortázar decía que "nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo". No sé si es valor lo que yo tengo, pero al menos estoy empezando de nuevo.
Son muchos blogueros a los que se lo daría, pues su amistad es un precioso tesoro para mi, pero este premio tiene un límite de ocho blogueros, así que respetaré las normas y con todo mi cariño se lo entrego a Christian por estar siempre ahí. A Ángel por bucear por mi blog sin ahogarse. A Ronronia por descubrirme cada día un mundo. A Runagay por permitirme pasear con Diógenes. A Thiago por no desaparecer en el mundo laboral. A Pimpf por descubrirme una Galicia que me habría gustado vivir. A Alforte por compartir su rico mundo interior y a Andrés por su desbordante imaginación.
Y para que me conozcáis un poco mejor, aquí está el meme de las 30 preguntas que me han pasado por partida doble G-boy y Xas, dos buenos amigos.
1.- Un color
La verdad es que no tengo un color favorito. Cada momento tiene el suyo y muchas situaciones acaban identificadas con uno diferente. La paredes de mi casa tienen colores diferentes y me gusta llevar ropa de todo el espectro cromático, pero si tuviese que elegir uno sería el naranja, un color que me gusta en las luces de las farolas en las madrugadas, en los campos repletos de frutales, en la sencillez de las túnicas de los monjes budistas, y en los semáforos dubitativos como yo. Es cálido, pasional y a la vez relajante, y en heráldica representa la fortaleza y la resistencia. Es un poco como yo, siempre viviendo entre dos aguas.
2.- Un olor
Mi olor favorito es el del salitre y la humedad que tras una tormenta violenta el viento del mar arranca de las olas que se estrellan en una playa desierta. Puedo cerrar los ojos y notar como penetra en mi por cada poro produciendo unos momentos de relajación impagables
3.- Un rincón de tu casa
Hay una ventana por la que amanece cuando desayuno y que da un río flanqueado de árboles frondosos y riberas de hierba. No puedo evitar apoyar mi cabeza en el cristal todos los días y contemplar como el agua discurre unas veces lenta y pausada y otras violenta e impetuosa. Es la misma ventana en la que me apoyo cuando estoy triste y en la que sigo el lento deslizar de las gotas de la lluvia.
4.- Una ciudad del mundo
He tenido la suerte de conocer ciudades preciosas y que me han enamorado por su ambiente en las calles, por su arquitectura, por su historia, por la sonrisa de sus paseantes o simplemente porque allí me he sentido feliz. Es difícil escoger una sola porque todas tienen su encanto, pero puestos a elegir me quedo con Praga en primavera. Una ciudad de cuento de hadas con música en cada esquina, con bruma al amanecer, con pequeñas tabernas con cerveza casera y rincones escondidos para descubrir mientras paseas sin rumbo.
5.- Un regalo útil (para ti)
Soy fácil de regalar pues disfruto de cada pequeña cosa. Soy un apasionado de la tecnología en su vertiente más útil, no por coleccionismo. Me encanta un libro que después de leer contemplo en mis estanterías repletas esperando el momento en que lo olvide para poder releerlo de nuevo. Una cena en un lugar único y con buena compañía. Un fin de semana en un lugar desconocido. Una caricia tumbados en la playa.
6.- Un plato de comida
Esta sí que es difícil para mi. Me encanta probar cosas nuevas y notar sabores desconocidos y texturas imposibles. Disfruto de un menú degustación en un restaurante con tres estrellas Michelín y de unas tapas en una tasca olvidada, pero hay dos sabores que espero poder volver a probar otra vez en mi vida, el chile en nogada mexicano y el kao pad nam prik pao kai (arroz, pollo, verduras y una salsa muy, muy picante). Inolvidables.
7.- Una afición
Tengo muchas. Demasiadas. Pero hay una que destaca por encima de todas con diferencia, y es viajar. A cualquier sitio. Pocas cosas en mi vida me producen tanto placer como conocer sitios nuevos, hablar con desconocidos, sentarme en una terraza con una cerveza en una plaza concurrida o pasear entre las callejuelas de un barrio histórico fijándome en una balcón o una celosía. Lástima que viajar sea caro, aunque se vaya de mochilero. Si alguno me quiere invitar a gastos pagados no dudaré en acudir :)
8.- Signo del zodiaco
Soy géminis. Dos personas en una. Dos vidas. Dos deseos. Dos decisiones. Toda mi vida es un dilema. Soy tímido y extrovertido. Soy reflexivo e inconsciente. Aprendiz de todo y maestro de nada. El Dr. Jeckyll y Mr. Hyde. Curioso y contemplativo. Flexible y tozudo. Cástor y Pólux.
9.- Una película
Soy cinéfilo y cinéfago. De adolescente pasé horas interminables en la filmoteca de mi ciudad y el cine es parte de mi vida. Amo el cine y podría estar horas sin parar descubriendo nuevas películas de las filmografías más extrañas. De mi dicen que me gusta el cine "raro", pero yo digo que lo que me gusta es quedarme absorto ante unas imágenes que no me cuenten siempre lo mismo. Podría elegir miles de películas, pero le tengo un cariño especial a una película que vi de niño y que me hizo amar el cine. Es "Goodby, Mr Chips" de 1939, con un Robert Donat inmenso.
10.- Una canción
Este es mi punto flaco. Me encanta la música pero nunca le dedique tiempo. Vivo con la música siempre a mi alrededor, y conozco miles de canciones y obras, pero rara vez puedo decir de quien es. Soy un analfabeto musical, pero no podría pasar sin ella. Puestos a elegir me quedaría con "Hurt" en la versión de Johnny Cash. Siempre me emociona.
11 .- Tus programas de televisión favoritos
La televisión y yo rompimos hace mucho años. Me aburre y no la veo casi nunca. Si me preguntas por un programa de moda o un presentador probablemente pondré cara de no saber de que me hablas. Mi televisor es en realidad una pantalla donde reproducir películas y, en los últimos años, series. Así que sólo puedo escoger entre estas, y una de las que más me ha gustado fue "Los Soprano". Perfecta de principio a fin.
12 .- Tus principales virtudes
¿Existen realmente las virtudes o lo son sólo en determinadas personas? ¿La bondad es una virtud o sólo blandura de carácter? ¿La picaresca es una virtud o sólo un medio para aprovecharse de la gente? ¿La justicia es una virtud o el defecto de no poder llegar a un acuerdo? Es complicado definir una virtud como tal. Son las dos caras de una moneda. Podría decir de mi que soy reflexivo hasta la extenuación. Que me gusta compartir lo que he aprendido en mi vida hasta el punto de aburrir a mi interlocutor. Que confío en los que me presentan hasta la inconsciencia. Qué sueño hasta la irrealidad. Que me apasiono con algo obviando otros temas incluso más importantes. Qué trato como a un igual a todo el mundo exponiéndome a su desprecio. ¿Son virtudes o son defectos? Probablemente las dos cosas.
13 .- Tus principales defectos
Para no repetirme y aprovechando que es la pregunta número 13 e igual sois supersticiosos, os ahorro la respuesta y me remito a la anterior.
14 .- ¿Practicas algún deporte?
Siempre he sido muy deportista. De joven practiqué el fútbol, el baloncesto, el balonmano, el tenis, el frontón y me decanté al final por el atletismo. En él probé muchas disciplinas, desde el triple salto al lanzamiento de disco, el salto de altura o los 3000 metros obstáculos, pero acabé especializándome en en los 110 metros vallas. Actualmente juego al frontón y al pádel principalmente. Por eso estoy lesionado.
15 .- ¿Tienes alguna mascota?
Los de las mascotas siempre fueron mis hermanos y no yo, pero gocé de sus tortugas, hamsters, pollitos y peces. Pero la que más disfruté fue una perrita Fox Terrier igualita al Milú de Tintín. Vivió diez años con nosotros y me encantaba jugar y competir con ella en carreras que siempre me ganaba. Cuando murió lloré en silencio.
16 .- ¿Qué animal te hubiera gustado ser?
Esta es fácil. Me habría gustado ser un águila para dejar que el viento me guiase y poder ver miles de sitios lejanos desde el cielo. Subir hasta rozar las nubes y caer en picado sintiendo la velocidad en mi cuerpo. Recorrer enormes distancias y regresar sabiendo que al día siguiente podría volver a volar hacia un sitio nuevo.
17 .- ¿Alguna persona que admires?
Nunca he sido admirador de las personas hasta el punto de ser un seguidor de nadie. Ni músicos, ni políticos, ni filósofos, ni deportistas. Admiro sus logros y me maravillo de sus capacidades, pero no creo que pudiese ser seguidor de nadie pues mi vida no se basa en las de otras. Quizás y sólo quizás, si tuviese que admirar a alguien, y aunque suene a tópico, la única persona cuya vida me fascina lo suficiente como para que me hubiese gustado conocer y pasar un tiempo con él fue Gandhi.
18.- ¿Cómo duermes?
Suelo acostarme boca abajo y cambio de postura cien veces antes de dormirme pues no aguanto más de dos minutos en la misma posición. Me gusta ponerme dos almohadas y pasar un brazo por debajo sujetándolas bajo mi cabeza. Y siempre desnudo. Invierno y verano. Sólo me compré un pantalón de pijama para cuando duermo en casas de amigos.
19.- ¿Cuándo fue la última vez que lloraste?
Pasé casi cuarenta años de mi vida sin llorar, pero ahora las lágrimas afloran más fácilmente a mis ojos. Es como si una camisa de fuerza que había llevado mucho tiempo me le hubiesen arrancado de repente y me encontrase incapaz de contener mis sentimientos. La última vez fue hace poco, cuando Rafael me contó que le habían echado de casa al descubrir su padre que era homosexual. Lloré de rabia y de pena.
20.- La última mentira que has contado
La semana pasada le dije a mi madre que podía ir a trabajar porque el esguince ya casi no me dolía. No me gusta preocuparla, y decirle una mentira piadosa es mejor que dejarla todo el día pensando en si me encuentro bien. Y más recientemente a vosotros, al principio de este texto, prometiéndoos una entrada más ligera. Creo que me está saliendo la entrada más larga de la historia de este blog.
21.- Tu mayor sueño aún no cumplido
No tengo grandes sueños, sólo pequeños y fragmentados. Quizás la vida te va enseñando que esos sueños nunca se cumplen y empiezas a plantearte objetivos más realistas y alcanzables. Ya no sueño con un príncipe azul ni el amor eterno. No sueño con escribir ese libro que me dará gloria inmortal ni con descubrir la cura del cáncer. Pero si tuviese que tener que soñar con algo inalcanzable sería poder estar cinco o diez años dando vueltas por el mundo conociendo gente de todos los países.
22.- La situación más embarazosa de tu vida
Creo que ya la conté una vez en el blog y fue cuando tenía 17 años en un albergue católico de montaña donde iba a esquiar. La misa vespertina era obligatoria antes de cenar y por la tarde salimos a beber unas cervezas, y ese día bebí más de la cuenta. Cuando regresamos medio borrachos, el calor de la calefacción me mareó y le vomité al cura todo por encima justo en el momento en que me iba a dar la comunión. Delante de más de 100 personas.
23.- ¿Qué tipo de blogs son tus favoritos?
Soy muy variado en cuento a gustos. Sigo blogs de historia, de ciencias, de noticias de actualidad, de viajes, de tecnología, de cine, pero a los que más atención presto son a los personales, porque detrás hay personas que escriben lo que viven. Los siento muy cercanos a mi, y aunque nunca haya visto realmente a sus autores, me identifico con ellos en cada texto.
24.- Tu bloguero favorito de los que ya no escriben
Por desgracia los blogs nacen, viven y mueren como las personas, y en estos casi dos años que llevo por aquí he visto desaparecer varios que me gustaban mucho, como el de Teo, el de eGeo, o el de Luckitas. Pero hay uno desaparecido desde hace un tiempo y que todavía albergo la esperanza de que regrese y es el de Adrianos.
25.- El mejor y el peor recuerdo de tu paso por la blogosfera
Recuerdos malos no tengo ninguno porque por suerte no he tenido nunca enfrentamientos con ningún bloguero y todos los comentarios en mi blog han sido siempre muy respetuosos. Hasta los anónimos han escrito siempre muy afablemente incluso cuando no han estado de acuerdo conmigo. Mi mejor recuerdo es la cantidad de gente que he conocido (personal y virtualmente) y las decenas de correos que he recibido de gente de todo el mundo contándome sus historias personales y confiando en mi detalles muy íntimos de sus vidas.
26.- ¿De tus compañeros de la blogosfera quien representa la cara y quien la cruz?
Esta pregunta la interpreto no como algo positivo y algo negativo, sino como la constatación de las personalidades tan dispares de que me he encontrado por aquí y que enriquecen la convivencia con sus diferencias. Si todos escribiésemos lo mismo o de la misma forma, la blogosfera sería sólo una autoadulación. Así puedes encontrarte con la minuciosidad diaria de G-boy y el desparpajo irreverente de Thiago. El nostálgico y político Pimpf frente al irónico y sin prejuicios Christian. El intimista Alforte y el espontáneo Pancho. El incansable Andrés y el diseccionador de la realidad Uno. El bromista Ángel y el poeta Melvin. El ilusionado Ut y el dubitativo Davichini. La exahustividad de Ronronia y la original presentación de Roberto Tenique. Y podría seguir nombrando parejas de blogueros diferentes que leo, pues cada uno me aporta algo a mi vida. Me encantan las caras y las cruces.
27.- ¿La blogosfera ha cambiado tu vida?
Podría decir que sí y que no. La blogosfera en sí no es más que un medio, no me he hecho rico gracias a ella ni he encontrado el amor eterno, pero sin embargo ha conseguido canalizar mis sentimientos y darles salida impidiendo que explotasen en mi interior. Ha sido la junta de dilatación que ha impedido que me quebrase, la vara de bambú a la que me agarré cuando todo me sobrepasaba y que ha conseguido que siguiese en pie. No ha cambiado mi vida, pero ha ayudado a que cambie.
28.- ¿Qué cambiarías de la blogosfera?
El intercambio de enlaces, el yo te comento si tu me comentas. Creo que hay que comentar cuando hay algo que decir, no por obligación. Esto no es un cambio de cromos ni una compra-venta. A todos nos gusta recibir comentarios, a mi el primero, pero no quiero que me comentes sólo porque yo lo hago en tu blog. Si lo hago es porque me gusta o me interesa lo que dices, no porque espere un comentario de vuelta.
29.- ¿Cuál es su mayor enseñanza?
Cada uno sacará algo de valor de sus paso por la blogosfera, pero en mi caso ha sacado del olvido el gusto por escribir que abandoné en la adolescencia. Ya ni me acordaba lo que era escribir algo que no fuese un informe profesional. Me ha recordado que debajo del autómata que lucha por sobrevivir hay un niño que sigue latiendo.
30.- ¿Llevarías otro blog aparte del/de los que llevas?
Me encantaría llevar varios blog. Especialmente uno con las historias de mis viajes, con las que tendría material para muchos textos, pero como el tiempo es escaso y casi no lo tengo para escribir aquí, tendréis que soportar que de vez en cuando escriba mis batallitas viajeras en este blog. Espero que las leáis con la indulgencia del que contempla la ilusión de un niño que imagina que esa caja de cartón es la respuesta a todos sus sueños.
Y como todo buen meme debe de ser pasado a alguien para que siga viviendo, le cedo el testigo a Álvaro Locx y Gary Rivera para que salte el charco y empiece a dar la vuelta al mundo.
Después de estar casi una semana sin acceso a internet creo que con esta entrada, la más larga que he escrito nunca, he satisfecho mis ganas de escribir y puesto a prueba vuestra paciencia. Espero que me perdonéis.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Perfiles
Cuando entré en mi primera web de perfiles gay, aún no hace ni tres años, la sorpresa por descubrir un mundo nuevo me nubló el entendimiento y quedé fascinado por esa colección de rostros que me miraban burlones, como retratos de nobles que te precedieron en el linaje familiar y que contemplas intentando descifrar sus vidas a través de sus miradas.
Sólo miraba sus rostros, uno detrás de otro, intentando ver en sus rasgos algo que los delatara como homosexuales y, sobre todo, algo que los diferenciara de mi, un hombre asustado que aún no había aceptado la verdadera realidad de su sexualidad. Fueron cientos los que pasaron por mis ojos, de todas partes y de todas las edades, y yo los miraba entre aturdido y embelesado ante la cantidad de gente que se identificaba con toda naturalidad como homosexual.
Empecé a leer un poco lo que escribían, pequeñas historias, retazos de deseos, ansiedades y sueños, vidas en miniatura. Descubrí que muchos de ellos también tenían miedo como yo. Vivían deseando encontrar a alguien pero rezando para que no los reconociera nadie. Otros en cambio disfrutaban de un desparpajo envidiable y un sentido del humor delicioso que lograban que esbozase una pequeña sonrisa y relajase mi corazón encogido.
Con el tiempo me he ido acostumbrando a este tipo de páginas. Ahora en lugar de pasar fotos apresuradas buscando una belleza idealizada en mi subconsciente, leo lo que tienen que contar de si mismos, sus aficiones, sus lecturas, sus anhelos y también, ¿por qué no? sus morbos y fantasías sexuales.
Pero también me he encontrado con frases y textos despreciativos e hirientes. Leo perfiles de jóvenes de 18, 20 ó incluso 25 años que despachan sus descripciones con "awuelos y papis no molesten y quédense callados y en sus casas", "viejos de más de 30 fuera de mi vista" "si tienes más de 28 paso de ti y tus arrugas". ¿Tan difícil es indicar que tus preferencias abarcan un rango de edad y que no te apetece quedar con gente de edades superiores? ¿Hay que ser ofensivo y despectivo para demostrar que no tienes interés?
Me sorprende el desprecio que se esconde detrás de esas palabras. Precisamente en un colectivo maltratado y humillado durante tanto tiempo, encontrar ese tipo de frases por parte de sus miembros me parece un sinsentido y lo que es peor, un olvido de que si ellos ahora gozan de la libertad actual para mostrarse y ser aceptados en la sociedad, eso se debe a lo que lucharon y padecieron esos "papis y awuelos" que hoy con desdén menosprecian.
Otras frases recurrente que me suelo encontrar son del tipo "las plumas en el gallinero", "plumíferos no", "paso de plumas y aves varias", "si tienes pluma vuelve al corral" o "me gustan los hombres, no las gallinas". Podría seguir escribiendo ejemplos porque las variaciones de la frase son infinitas y el prejuicio que hay detrás me asombra, como si a mi si no me gustaran los altos los llamara "gigantes desproporcionados", a los bajitos "tachuelas con patas" o a los rubios "pelo oxigenado de cerebro derretido". La lista de insultos puede ser todo lo creativa que quieras y abarcar cualquier sector de la población, pero ¿qué gano mofándome del que la tiene? Yo no tengo "pluma" y no me atrae en un hombre, pero no me siento ni superior ni diferente por no tenerla. De hecho, alguna vez he pensado que si la hubiese tenido a lo mejor habría reconocido mi sexualidad mucho antes.
Un tercer grupo también abundante en estas páginas de perfiles son los que dan la callada por respuesta. Cuando alguien les escribe miran su perfil y si no les gusta simplemente le ignoran. Detrás de cada mensaje hay una ilusión y el esfuerzo de alguien que ha vencido su miedo al rechazo y ha volcado sus esperanzas en una foto. Dejarle esperando una respuesta que nunca llegará me parece de una crueldad innecesaria y gratuita. Un "muchas gracias por fijarte en mi y por tu interés, pero no lo comparto, espero que la siguiente vez tengas más suerte" decepcionará pero mantendrá incólumes las esperanzas de acertar en el futuro. No cuesta nada ser amable.
A pesar de todo ello sigo defendiendo este tipo de páginas. Gracias a ellas he conocido a algunas personas maravillosas como Tony, Flavio, Calvin, Jasper o Alejandro. Gracias a ellas vencí mi timidez y me permitió acercarme a gente en un momento en que estaba perdido y sin saber que hacer. Gracias a ellas encontré un punto de partida y algo a lo que aferrarme.
Puede que no sean perfectas y me encuentre muchos fracasos por el camino, pero como las cartas de navegación de Colón, a mi me dieron un rumbo hacia el que navegar con destino a un nuevo mundo.
domingo, 24 de julio de 2011
Vacaciones
Han pasado nueve meses desde que me fui a Vietnam y ya estamos de nuevo en un ciclo vacacional. Este año mi situación económica no me permite realizar ningún viaje a algún lugar remoto o exótico y me tengo que conformar con acercarme a una playa del litoral mediterraneo y compartir el apartamento con mis padres. No es mi sueño de unas vacaciones pero no me quejo. Llevo quince años viajando por todo el mundo y me considero un privilegiado por haber podido gozar de esas experiencias.
Este año disfrutaré de la tranquilidad de una playa familiar no excesivamente masificada, y quemaré el estrés bajo un sol tórrido léjos de los trópicos. Este año hablaré en vacaciones mi idioma y no tendré que esforzarme por hacerme comprender en un pobre inglés con acento peninsular. Este año me sentaré a tomar unas cervezas al atardecer y dejaré que el tiempo transcurra ajeno a mi ansiedad. Este año dormiré arrullado por el mar y mecido por un viento que acaricie mi piel.
Me esperan algunos amigos de mi infancia con quienes ya no necesito ocultar que soy gay. A lo largo del año anterior fui saliendo del armario con ellos, uno a uno, hasta terminar con Stella los últimos días del verano pasado. Todos se lo tomaron bien y este año podré mirar a un chico sin que nadie se extrañe. Al menos eso espero, porque una cosa es saber que un amigo tuyo es gay y otra verle acaramelado o besando a otro hombre. Porque confío en que ocurra. Espero poder conocer a algún chico que por unos días me robe los suspiros y de alas a mis sueños.
Nunca he tenido un romance de verano. La creencia en mi heterosexualidad me hurtó el amor en mi juventud y me dejó huérfano de sentimientos. Hubo chicas con las que estuve y con las que incluso compartí momentos íntimos, pero nunca sentí nada más por ellas que la sensación de una presión social que me empujaba a una situación en la que no me encontraba cómodo pero de la que no podía escapar. Por eso me gustaría que un chico me hiciese perder la respiración aunque sólo fuese unos días. Por eso me gustaría esperar su sonrisa y perderme en su mirada. Por eso me gustaría una caricia indisimulada y una mano en mi cintura. Por eso me gustaría reclinar mi cabeza en su hombro y bailar sin música al amanecer. Se que es mucho esperar, pero no más de lo que ya llevo esperando en mi vida.
Además tendrá que ser un amor platónico porque todavía no estoy recuperado de la operación y el sexo no es posible, al menos de momento. Los medicamentos hacen poco a poco su efecto y la infección remite lentamente, a su ritmo cansino y exasperante. ¿Pero que mejor medicina existe que unos besos furtivos que no piden más que la calidez del afecto? ¿Qué mejor remedio que esperar que llegue el nuevo día para verle de nuevo y sin embargo desear que no acabe el actual para no permitirle separarse de mi?
Quedan ya sólo unas horas y estoy empaquetando todo lo que me quiero llevar: ilusiones, afanes, esperanzas, deseos, pasiones y anhelos. Son todos muy grandes, pero caben en un espacio muy pequeño. Me gusta viajar ligero y dejar tras de mi el pesado fardo de la realidad, aunque mi vida siempre encuentra la forma de encaramarse sobre mis hombros y recordarme entre susurros, que aunque quiera nunca la podré olvidar.
Ahora me voy, pero me llevo un poco de vosotros. Volveré. En un mes. En un suspiro.
viernes, 8 de abril de 2011
Premio Amistad
Ahora que ya me estoy poniendo al día con todos los blogs que tenía atrasados me he dado cuenta de que me habían concedido un premio, el premio Amistad. Pocos nombres más bonitos hay para un premio. Y a medida que iba leyendo más y más blogs he ido encontrando más premios Amistad que se acordaban de mi. Hasta cuatro veces he visto mi nombre.
Pimpf fue el primero que me recordó cuando llevaba unos días desaparecido de la blogosfera. Justo después vino Juancito, que además de amigo me llamó hermano. Christian Ingrebethsen fue el tercero, con una emotivo recuerdo a nuestra amistad. Y el último en llegar fue Kotei con quien comparto muchas coincidencias. A los cuatro les quiero dar las gracias por pensar en mi.
Busqué las reglas del premio para seguirlas estríctamente, pero no las he encontrado por ninguno de los blogs que he visitado. Pero entonces me he dado cuenta de que un premio así no podía estar regulado, pues ¿desde cuándo a la amistad se le ponen reglas?
Ya desde la antigüedad se ha venido especulando sobre el significado de la amistad. Sócrates dijo que "el amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarle, se sabe el valor que tiene". Ese concepto de valor lo amplió su discípulo Platón, para quien "los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo". Bien lo sabemos quienes escribimos blogs. Pero fue un discípulo de este último, Aristóteles, quien más se acercó a la definición, afirmando que "un amigo fiel es un alma en dos cuerpos".
Juancito me llamó hermano, al igual que hacía el político ateniense Demetrio de Falero, que decía que "un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano". Que gran verdad.
Cuando empecé a escribir el blog no lo hice para ganar amigos ni para que todo el mundo me dijese que era genial, sino para recabar la opinión sincera de los que me leen para ayudarme a comprender un poco más mi mundo. Podría extenderme ampliamente con esta idea pero ¿para qué?, Plutarco lo explicó mucho mejor de lo que yo puedo hacerlo cuando afirmó: "no necesito amigos que cambien cuando yo cambio y asientan cuando yo asiento pues mi sombra lo hace mucho mejor". Lo que necesito a mi alrededor es gente que piense para ayudarme a avanzar y no meros asentidores que enmascaran mis errores, pues estos no son más que ovejas que cuando me equivoco callan para no molestarme, tal como decía una vez más Plutarco: "la amistad es animal de compañía, no de rebaño".
Y como no hay reglas y me han premiado cuatro veces, que son muchas, voy a premiar tambien a muchos, y escojo un número redondo que es veinticinco.
Pimpf: por acudir a recibirme cada vez que voy a Madrid, da igual que haya sol, lluvia, tenga que escaparse del trabajo o venga con una resaca monumental. Gracias por hacer ese esfuerzo siempre.
Christian Ingrebethsen: por ser paciente con la demora de mis correos y ser capaz de leer entre líneas los desvaríos que puedo verter en un texto. Por descubrir al niño que hay en mi y acunarlo con sus palabras.
Theodore: que está actualmente desaparecido, lejos de los escritos y a quien las palabras lloran por su pérdida. Yo también noto la ausencia de su presencia.
Thiago: Por acudir rápido a recibirme nada más llegar a este mundo nuevo para mí. Por apoyarme desde el principio y estar siempre ahí a pesar de los miles de blogs que tiene que atender. Por ser crítico cuando hay que serlo.
Adrianos: En un post tan griego, cómo no voy a nombrar al mayor viajero helénico desde Odiseo. Gracias por compartir un mundo tan rico como el tuyo y por encontrar un hueco para tomar una cerveza con tan poco tiempo.
Kotei: que da igual que cambie de nick cada cierto tiempo, sigue siendo ese alma sensible que se emociona con una sonrisa y que cuando está triste nos pone a todos tristes. Espero verte sonreir.
Ut, el de las estrellas: pues hacia ellas va cada vez que salta en esas fotos intentando alcanzar el cielo. No hace falta. Tu ya eres un cielo.
Davichini: al que he visto crecer en ilusión, optimismo y madurez durante los últimos meses. No te preocupes, que ese amigo que esperas llegará. A su tiempo.
Alforte: Uno de los primero en llegar a mi blog y al que faltó un pelo para que conociéra en persona. Espero que haya otra oportunidad. Entretanto pones banda sonora a mi vida.
Tatojimmy: Por escribir contra viento y marea a pesar de que le han cerrado el blog una vez más. Volverá y allí estaremos.
Juancito: Por su desbordante y contagiosa alegría. Por empezar a descubrir un mundo que como a mi le estaba vedado hasta hace poco.
G-boy: Por hacerme vivir entre Ciudad Trueno y Villaconejos. Por describir con tanta minuciosidad su vida que muchas veces me siento el tercero en discordia en un trío virtual entre él y M.
Romek Dubczek: Por permitirnos compartir esos mundos que tiene dentro y que atisbamos asombrados de su creatividad sin límites.
Sergio: un bisexual enamorado que nos hace soñar con las oportunidades perdidas. Él las ha hecho realidad. Todo es posible. Un abrazo para Fran y que no nos de esos sustos.
Pancho: Con quien comparto alegrías y penas. Cuya vida es tan complicada que podrían hacer una serie. Y que sin embargo siempre vuelve a sonreir. Buena suerte en Chetumal.
Uno: el fotografo del costumbrismo, el cronicón de lo cotidiano, el ojo público de la realidad. Un placer descubrir lo que nos rodea a través de tus fotos.
Z: el iconoclasta, el asexual, el irreverente, el único. Que cuando aparece todos los blogs tiemblan ante su omnipresencia bloguera.
Alvaro Locx: que un día me sorprende con un top ten sobre orugas euroasiaticas y otro hace una reflexión sobre el paso del tiempo y la soledad. Y entre medio escribe otros mil post.
Gary Rivera: mi farmaceútico favorito que ahora se está tomando un descanso. Ecléctico. Pragmático. Divertido. Sorprendente. Por saber 35 formas de matar con hierbas que espero nunca aplique conmigo.
Fran Frannao: Un psicólogo escondido en la caverna que libera su mente cada día buscando sus ideas fugitivas como hacía Platón.
Bo Tare: con una vida dificil en un ambiente complicado y que sin embargo resiste los embates de la vida. No te pierdas. Aguanta. Recuerda: It gets better.
Brekiaz: Una sonrisa continua. Impulsiva. Promotora. Twitera. Facebookera. Messengera. Incansable. MegasuperarchigranSOL. Uuuuuuuh :)
Eline: una alemana que ama España y que está empezando a entreabrir la puerta de sus sentimientos a los que le rodean. Renovar la casa para renovar el alma.
...Runagay: Músico vocacional y filósofo en sus ratos libres. Como no nombrarlo aqui si su mejor compañero es Diogenes.
JL: que lo mismo un día nos habla del Centro de arte contemporaneo de Málaga, otro de medusas y cuando nos despistamos de las Islas Cayman o de Egipto. Tambien lleva mucho tiempo ahí acompañándome.
Podría poner más nombres, pues he encontrado muchas personas por aquí que merecen la pena, pero el post sería interminable. Os tengo presente a todos, aunque hoy no estéis aquí, porque como decía Sófocles, "quien prescinde de un amigo es como el que prescinde de su vida". Y yo estoy empezando a amar la mía.
domingo, 3 de abril de 2011
Oscuridad
Sigo saliendo los sábados por la noche con Jasper y sus amigos. Son todos muy buena gente y estoy encantado de haberlos conocido, pero tienen unos cuantos años más que yo y una larga trayectoria disfrutando del ambiente. Yo en cambio soy un recién llegado que me maravillo con facilidad ante cualquier novedad en la que ellos han dejado de fijarse hace ya bastantes años.
Solemos quedar a tomar algo en un bar tranquilo en el que la media de edad supera ampliamente los cuarenta. Allí casi siempre soy el más joven, salvo por alguna excepción puntual que entra de vez en cuando y sobre la cual mis ojos se posan irremediablemente. Ayer mismo un chico guapísimo se acodó en la barra a mi espalda, muy cerca de mi. Tuve que maniobrar sutilmente para poder colocarme de forma que podía admirar su cara. Él no me vio, pero su novio creo que sí, pues la mirada fija que me dirigió no invitaba precisamente a entablar contacto.
Cuando salimos de ese bar una parte del grupo se suele ir a dormir y el resto a veces se viene a tomar algo entrando en algún bar en el que la juventud predomina. Pero no se sienten cómodos allí y tras un breve tiempo suelen abandonar el local rápidamente. Unas veces se van a casa y otras salen a respirar fuera o fumar un cigarrillo dejándome solo dentro. Allí suelo observar la cantidad de chicos que se agitan bajo la música. Unos con una copa en la mano, otros bailando en lo alto de los estrados mientras sus compañeros les miran entre admirados y envidiosos. Los más charlando simplemente pero estallando en risas de cuando en cuando. Un brazo sobre el hombro, una confidencia en el oído, una caricia mal disimulada, un abrazo, un beso cariñoso. Un beso.
Yo lo observo todo y miro a mi alrededor sintiéndome solo. De vez en cuando un chico me sonríe al pasar a mi lado, pero sólo para que me aparte y le deje pasar junto a sus amigos. Suelo oir sus risas francas a mi espalda y me gustaría sumarme a ellas, pero no tengo la habilidad de presentarme sin conocer a nadie. Sigo bailando, esperando que alguien me diga algo y poder empezar una conversación. Pero todos pasan de largo. Como mi vida.
Mis amigos me dicen que esos bares no son para ellos y que les agobian. Que no se puede hablar y que hay mucho "niñato". Y muchos días se van de allí a otro bar que tiene cuarto oscuro. Yo no he ido nunca con ellos. No me llama nada en principio ese tipo de lugares. Sexo clandestino al azar y alivio rápido. Me dicen que esos "niños" que tan altivamente te miran en los bares luego acuden allí desesperados por un desahogo una vez que sus amigos emparejados ya se han ido. No sé. Igual soy demasiado mojigato y me estoy perdiendo algo. ¿Cómo puedo saber si me gusta si no me atrevo a probarlo? Pero ni siquiera sé como funciona, si tiene reglas, si hay conductas prohibidas o si hay códigos de miradas. ¿Cómo sabes lo que quieren los demás o cómo decir a alguien que no te interesa? ¿Se habla allí o los gestos y miradas son lo único admitido? ¿Es todo público o hay rincones apartados? Ni siquiera sé si se paga por entrar en estos sitios.
Soy una vez más ese niño que despierta a un mundo que no conoce y que le da miedo. Soy ese niño que observa sin entender. Soy ese niño que vive entre la curiosidad de lo desconocido y el temor al ridículo del comportamiento inadecuado. Soy ese niño que aún no ha crecido para saber lo que quiere, pero que es demasiado mayor para seguir siendo ignorante.
Soy un niño de 42 años.
domingo, 27 de febrero de 2011
Cuatro gatos
Por donde yo vivo hay una expresión que siempre me ha gustado: "son cuatro gatos". Se aplica generalmente para minusvalorar un colectivo. Para indicar que son muy pocos y por tanto no merecen nuestra atención.
Ayer este blog alcanzó el bonito número de 100 seguidores después de unos días en que al menos tres o cuatro se habían borrado, supongo que aburridos por mi recurrentes temas. Nada más verlo una extraña asociación de ideas me vino a la cabeza. En sistema binario (ese formado por unos y ceros que utilizan los ordenadores) el número 100 corresponde con el 4 nuestro de toda la vida. Y pensé que era una bonita metáfora de mi vida. Creo que en mi paso por este mundo realmente le he importado de verdad a cuatro gatos. El resto simplemente me han usado a su antojo y cuando les he dejado de ser útil han salido de mi vida.
Pero aquí mis cuatro gatos se han convertido en 100 personas que, al menos por un momento, han pensado que podía ser interesante perder un poco de su escaso tiempo en leer retazos de mi vida manchados de confusión. No soy tan ingenuo como para pensar que esas cien personas leen todo lo que escribo. Probablemente una gran mayoría ni siquiera se pasan ya por aquí, y como en mi vida real han abandonado este blog por propuestas más alegres y entretenidas. Pero por un momento, sin conocerme y sin tener yo nada que ofrecerles salvo la vida de un extraño, decidieron parar, leer lo que el extraño título del blog les ofrecía y molestarse en marcarlo para volver otro día. Y eso me impresiona. Mucho.
Parece que fue hace ya un siglo, pero han pasado poco más de diez meses desde que escribí por primera vez aquí un día que no sabía ya como arrancarme el dolor que sentía. Y en este tiempo mucha gente ha dejado sus palabras en cada entrada haciéndome compañía. Yo he leído cada letra, cada palabra y cada frase que escribíais, y con alguna he llorado al descubrir que no sólo teníais razón en lo que decíais, sino que en mi ceguera había intentado empeñarme en hacer lo contrario.
Ayer se apuntó mi seguidor numero 100, y aunque al no tener foto su perfil queda escondido al final de la fila, me fijé en su nombre: Teseo.
El destino juega con un sarcasmo impredecible. Me ha recordado que vivo en un laberinto formado por miedos y cobardía y me envía un mensaje en forma de seguidor avisándome de que debo matar al minotauro que vive en mi para que no siga devorando el futuro de Atenas. De mi Atenas. De mi.
Teseo era hijo del rey Egeo. Cuando abrí el blog dediqué mi primera entrada a la persona que me inspiró a escribir. Un chico llamado Egeo precisamente. Hace unos meses decidió cerrar su blog después de cuatro años y a los que le habíamos visto crecer nos dejó huérfanos, igual que el rey Egeo, que se suicidó al olvidarse Teseo poner las velas blancas a su barco. El círculo se cierra. Alfa y Omega.
Vosotros sois los marineros de mi barco. Y se que bogáis todos para que cuando me enfrente al final a mi minotauro tenga conmigo la fuerza de vuestros corazones. Para mi sois necesarios, y vuestra compañía me insufla el valor que necesito para afrontarlo.
Ya sólo me falta conseguir mi hilo de Ariadna.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Una noche de sorpresas
En mi incesante búsqueda de nuevos amigos conocí a Jasper a principios de diciembre, durante el puente de la Constitución. No sé si porque todavía tengo ganas de hacer cosas que los de cuarenta ya no hacen o porque tengo un comportamiento infantil impropio de mi edad, pero generalmente me siento más cómodo con gente más joven que yo. Y Jasper tenía 47 años, cinco más que yo.
Me pareció simpático y estuvimos un par de días hablando por messenger. Me propuso quedar un día y después de dudar un momento acepté quedar un sábado por la mañana en un café. Estuvimos charlando un par de horas y me hizo todo tipo de preguntas sobre mi. Yo no oculto que soy un gay tardío y eso a la gente le suele llamar la atención.
La mañana se alargó y cambiando de bares seguimos hablando hasta la hora de comer. Nos intercambiamos los teléfonos y nos despedimos. Al caer la tarde me llamó y me dijo que le gustaría que nos viésemos un rato más. En mi casa. Dudé. Dudé mucho. Porque como digo es mayor para lo que me suele gustar. Pero pensé que igual me estaba perdiendo algo con mis prejuicios y que debía probar. Siempre estaba a tiempo de decir que no.
Apareció en mi casa una hora más tarde y se quedó a cenar. Una botella de buen vino amenizó la conversación. Y poco a poco nos relajamos hasta trasladarnos al dormitorio.
Nos despedimos a la mañana siguiente.
El martes me llamó y me dijo que le gustaría quedar otra vez. Para charlar únicamente. Le dije que sí y vino a mi casa después de comer. Pero además de charlar acabamos de nuevo en el dormitorio. Allí tumbados, mientras me abrazaba, me propusó vernos más a menudo. Y yo le dije que no.
Me quedé esperando su reacción pero se lo tomó bien. Le explique que lo sentía y que lo había intentado, que no era que él hubiese hecho nada mal sino que mis gustos apuntaban a gente más joven. Se fue antes de anochecer y quedamos en seguir hablando por messenger.
Pasaron los días y las semanas y no volvimos a hablar. Pensé que a pesar de no demostrarlo mi rechazo le había dolido y no quería saber más de mi.
Este sábado pasado, casi dos meses después, estaba como todos mis fines de semana últimamente. Aburrido en casa y sin amigos para salir. Le vi que se conectaba al messenger y como siempre no le dije nada. Pero esta vez fue él quien inició la conversación. Me preguntó que si no salía y le dije la verdad, que no tenía amigos para salir. Me ofreció entonces salir con sus amigos y le dije que sí.
Quedamos a las 00.30 en un bar de ambiente con una media de edad de treinta para arriba. Jasper Llegaba tarde y yo me sentía un poco raro allí. Era el único que estaba solo y notaba que algunos me miraban. No puedo decir si con interés, curiosidad o sorpresa. Supongo que al ser un desconocido en el ambiente llamaba la atención. Cuando al fin llegó, con un par de amigos, yo ya llevaba dos cervezas. Nos sentamos al fondo, con otros amigos suyos que llevaban allí desde que yo entré, pero que al no conocerlos no había podido acercarme.
Jasper me los presentó a todos pero yo me sentía un poco violento. Intenté integrarme un poco en la conversación con algún comentario escueto, para no estar callado todo el rato. Y poco a poco empecé a hablar con alguno de la mesa. Algunos se fueron yendo y otros nuevos llegaron y se sentaron. Uno de ellos me sonaba y no sabía de qué. Y mientras lo pensaba él tomó la iniciativa y me dijo que me conocía pero tampoco recordaba de donde. Tras intercambiar unos datos descubrimos que fuimos compañeros del colegio aunque de diferentes clases. Me quedé impactado porque era la primera persona de mi juventud de la que sabía que era gay.
Estuvimos hablando un rato y me contó que él vivía ahora en Madrid y que tenía pareja desde hacía ocho años. Sólo está aquí circustancialmente, por asuntos de familia. Me habló de como asumió su homosexualidad con 21 años, mientras estudiaba la carrera, y lo mal que lo pasó en aquel momento. Yo le conté como era un recién llegado, aunque no le di muchos datos sobre mi estado anímico.
Seguimos hablando algún rato, intercambiando recuerdos y anécdotas. Y me habló de otro compañero de curso que ahora estaba de drag en Ibiza. Con él ya eramos tres los gays de aquella generación. Me sentí raro en ese momento. Por un lado mi corazón palpitaba de alegría por saber que no era el único, y por otro sentía como si una mano lo estrujara por ver que ellos pudieron ver su sexualidad y admitirla y yo no.
Y de repente me habló de un cuarto gay de aquel curso. Y me dió su nombre. Se me abrió la boca y me quedé conmocionado porque fue un gran amigo mío. Compañero de pupitre durante años. Los dos fuimos los pilares del equipo de atletismo del colegio y compartimos vestuario, entrenamientos y competiciones durante casi seis años. Los dos dimos el salto a un equipo profesional y sólo la universidad nos separó. La última vez que le ví, hará unos diez años, estaba en Mexico DF trabajando para una multinacional sueca.
¿Lo sabía entonces? ¿Lo tenía claro y lo ocultó? ¿Lo descubrió más adelante? No he parado de preguntarme desde entonces que habría ocurrido con mi vida si lo hubiese sabido. ¿Habría aceptado entonces que yo también lo era o me habría asustado y rechazado su amistad? Tantas preguntas y ninguna respuesta.
La noche continuó de bar en bar y yo la disfruté como hacía mucho tiempo que no lo hacía. Regresé a casa feliz. Feliz por descubrir que no fui el único. Y feliz porque la invitación de Jasper me había abierto un mundo nuevo. ¿Será por fin éste el grupo de amigos que llevo buscando un año? Ojalá.
Pero aunque no lo sea ha sido una noche inolvidable.
lunes, 10 de enero de 2011
Una mariposa del pasado
Hay quien dice que la vida es cíclica. Hay quien cree en el karma. Hay quien piensa que todo lo que hacemos afecta a muchas personas aún sin proponérnoslo. El efecto mariposa. Y hoy he visto un ejemplo de ello.
Paseando por la calle esta tarde, un hombre se me ha quedado mirando y tímidamente me ha dicho "¿Parmenio?" Yo he salido del ensoñamiento en el que iba sumido y me he parado. Aunque su cara me sonaba vagamente no recordaba quien era. Le he respondido afirmativamente y supongo que viendo mi cara inquisitiva me ha preguntado "¿No me recuerdas?" "No, lo siento, no soy capaz de situarte"
Fundido en negro y flash back en color sepia.
Hace 25 años yo era un jovencito de 17 años a punto de terminar sus estudios escolares. Entonces solía salir casi todos los sábados por la noche con mis amigos. No me perdía ninguna si podía evitarlo. No recuerdo la fecha exacta, pero debió ser unos días antes de las Navidades del 85, porque recuerdo el frío y las bufandas.
Esa noche estábamos en la puerta de una discoteca esperando a entrar. Había una fiesta dentro y la calle estaba muy animada. Entonces no se hacía botellón como ahora, pero solíamos llevarnos petacas con un whisky muy malo que era lo único que podíamos pagar. Yo estaba con un amigo sirviéndonos un poco cuando vimos un follón un poco más abajo, en la esquina de la calle. Una pelea pensé. Pero no se oían los típicos ruidos de golpes, los gritos, las carreras, los amigos acudiendo. Y me acerqué a ver que ocurría.
Un chico estaba borracho y varios amigos intentaban calmarlo porque se le veía muy agresivo, dándole patadas a los cubos de basura y a los coches aparcados. No sabía quien era pero lo conocía de vista. Iba a mi colegio y tenía un par de años menos que yo. A varios de los que le intentaban apaciguar sí los conocía. Uno de ellos se separó y al verme se me acercó a saludar. "¿Borracho?" le pregunté. "No. Se ha muerto su padre".
No recuerdo que fue lo que me pasó por la cabeza en ese momento pero me acerqué a él, lo abracé fuerte hasta inmovilizarlo y me puse a hablarle al oído mientras nos alejabamos de allí. Sus amigos sorprendidos nos seguían a distancia. Estuve como un cuarto de hora hablando con él. Los dos abrazados. Susurrando en su oído. Poco a poco se fue relajando y su agresividad se tornó en un llanto incansable. Ya no era yo, sino él, quien me abrazaba fuerte con su cabeza en mi hombro.
Cuando por fin pudo detener el llanto nos separamos, le cogí la cara con mis manos y le pregunté si ya estaba mejor. Él con la cara todavía humedecida afirmó con la cabeza y le dije que lo mejor que podía hacer era entrar a la discoteca y distraerse. Me dio un último abrazo y sus amigos se lo llevarón dentro. Fue la última vez que lo vi.
Uno de sus amigos se me acercó y me preguntó por lo que le había dicho para conseguir que se calmase. No se lo dije. En realidad no se lo he dicho nunca a nadie.
Primer plano de mi cara. Vuelve el color y estamos en el presente. Yo tengo menos pelo.
"Soy Wences y hablaste conmigo el día que murió mi padre"
Y todo aquel día volvió a mi memoria. No se porqué ese recuerdo se mantiene tan fresco en mi cerebro a pesar de no haber pensado en ello desde hace un cuarto de siglo. Como si hubiese sido ayer. La memoria es caprichosa.
Nos sentamos a tomar unas cervezas y me contó que le había ido muy bien. Que estaba casado y que tenía dos hijos. El mayor de casi diez años. Me dio las gracias por esa noche de hacía 25 años y me invitó a las cañas. Le dije que no hacía falta, que lo hice encantado. Se puso serio y me dijo que sí que hacia falta, porque aquella noche él estaba muy mal. Que por su cabeza pasaron ideas suicidas y que fue lo que le dije al oído lo que le permitió seguir viviendo.
Me quedé callado. Me abrazó y se despidió. Pero antes de irse se dio la vuelta y me preguntó "¿Era cierto todo lo que me dijiste?
Tardé un par de segundos en responder: "No, todo era mentira. Me lo inventé"
Sonrió y me dijo adios con la mano.
lunes, 3 de enero de 2011
Sus Graciosas Majestades
Mis primeros recuerdos sobre los Reyes Magos se remontan a mis cinco años. Entonces todo ilusionado les pedí un enorme garaje de tres plantas y multitud de rampas por los que deslizar los dos coches que incluían. El día seis de enero acudí raudo al árbol con el nerviosismo de la edad y cuando abrí el paquete sólo había un coche, pero ni rastro del edificio soñado. Era el año 73 y la crisis del petróleo empezaba.
Un año después empecé a ir al colegio. Primero de primaria , o Educación General Básica que lo llamaban entonces. En aquellos años vivía en Barcelona y para ir a clase tenía que madrugar y coger un autobús que tardaba una hora en hacer el recorrido. Yo era el primero en subir por la mañana y el último en bajar por la tarde. Dos horas diarias de autobús para un niño de 6 años.
Era como mi pequeño feudo y allí conocía a todo el mundo. Un día, cuando llevaba dos meses escasos de aventura escolar, un niño mayor que yo se me acercó y sin darme tiempo ni a saludarle me espetó: "Los Reyes Magos son los padres". Lo negué con la cabeza y él lo repitió con una mueca triunfal. Llegué a casa y muy fríamente se lo pregunté a mi madre. Y no pudo o no supo negarlo.
Tuve que convivir con el secreto de mi desilusión infantil hasta la pubertad, viendo como mi hermano pequeño soñaba mientras escribía la carta a los Reyes Magos y yo tenía que hacer la mía junto a él. Me tocó sentarme en las rodillas de muchos Reyes falsos a los que miraba a los ojos con dureza buscando a la persona bajo las barbas mientras disimulaba ante mi hermano. Más de uno se sintió nervioso al ver como le miraba y me traspasaba a otro Rey como si le quemase.
Rara vez tuve los regalos que pedía, pues la publicidad nos deslumbraba con juguetes demasiado caros para la economía familiar. Aprendí a no esperar con ilusión los regalos y a conformarme con lo que me tocaba. Mis amigos solían fantasear con los miles de regalos que iban a recibir y yo callaba.
Hace dos años por estas fechas yo acaba de dar el primer paso en mi aceptación como gay, tal como conté aquí. Estaba confuso y sólo pensaba en que se no se me notase. Ese año no pensé en regalos ni en propósitos y lo único que le pedí a los Reyes Magos era paz mental. Poder descansar de la vorágine que me desestabilizaba. Una vez más no cumplieron con su parte y en mi aprendizaje de esta nueva vida casi me puse enfermo irreversiblemente.
Han sido dos años brutales para mi estabilidad mental. Mi rendimiento en el trabajo ha caído en picado porque no puedo concentrarme. Mi jefe no me ha dicho nada pero veo que cosas que antes hacía yo ahora se lo encargan a otros. Y lo entiendo. Estoy siempre dándole vueltas a mi situación intentando encontrar una salida. Y cruzo puertas y puertas pero siempre hay más.
Empecé estas navidades con un deseo solamente para pedir a los Reyes Magos, que fuesen unos días tranquilos en los que poder descansar un poco de mi. Cenar en familia, reír todos, disfrutar de los regalos de mis sobrinas, salir con los amigos por la noche, incluso ir de nuevo al ambiente algún día. Pero me he encontrado que mis amigos (heteros todos) se "han hecho muy mayores para esas cosas" y se quedan en casa con sus hijos pequeños y ya no salen ningún día. Tony se ha ido a visitar a su familia y no volverá hasta después de Reyes. Y mi padre, en su línea habitual, montó un número de gritos y desplantes que culminó en la Nochevieja hasta hacer el ambiente familiar irrespirable.
Después de las uvas me fui de casa de mis padres. No podía estar más tiempo ahí, entre reproches y gritos. Tampoco tenía amigos para salir. Ni heteros ni gays. Nadie. Me senté en un parque a mitad de camino y observé a un grupo de jóvenes que acudían a hacer botellón. Iban felices, ajenos a mi presencia. Se felicitaban y se daban besos. Y yo, con las manos en los bolsillos, noté como se me anegaban los ojos.
Permanecí una media hora en el banco, casi a oscuras, hasta que el frío hizo que se me congelasen las lágrimas. Y me fui a mi casa.
Feliz año nuevo.
Me ha costado 42 años entender porque a los Reyes Magos les llaman Su Graciosas Majestades, y es que sus "gracias" me han acompañado toda mi vida. Cada vez les he pedido menos y cada vez me han negado más. Ahora prácticamente no tengo amigos y mis padres no se hablan. Ya casi no me atrevo a pedir.
Sólo os pediré una cosa más en mi vida.
Por favor, dejadme en paz.
viernes, 10 de diciembre de 2010
¡Felicidades Theodore!
Se levantó con una resaca espantosa. La noche anterior se había quedado hasta muy tarde y mezcló sin control. Con los ojos cerrados y con la cabeza bajo la almohada se decía que era la última vez, que nunca más lo volvería a hacer. Pero sabía que no era cierto. No podía dejarlo.
Por su mente pasaron fugaces momentos de febril diversión. Los recordaba todos, hasta el más nimio. Y una sonrisa afloró a sus labios resecos cuando la recordó. Era preciosa. Nunca antes había visto una tan espectacular. Mentalmente recorrió sus curvas y en cada recodo sus sentidos se disparaban. Sintió como se excitaba y crecer su deseo.
Se levantó con parsimonia y entre sus párpados entrevió los restos de la noche diseminados por su apartamento. Fue algo épico, homérico. Ella se enroscaba entre sus dedos y el placer fue creciendo a medida que se acercaba a su objetivo. Pero ahora tocaba recoger los restos de la bacanal.
Examinó los rincones con la mirada y su ojo experto detectó lo que podía reciclar y volver a utilizar de nuevo. Las vocales se encontraban desperdigadas alrededor del sofá, muy manoseadas y raídas. Son siempre las primeras en ser usadas. Cerca de la papelera podías tropezar con la X y la W, descartadas rápidamente. La P y la S estaban alineadas encima de la mesa, en formación militar, esperando a ser utilizadas como siempre. Pero esta vez no, se quedaron sin usar a pesar de que durante un buen rato estuvieron a punto de entrar en la selección.
La H a la que tanto cuidadaba y quería por su discapacidad, esta vez se había quedado en un rincón sin hacer ruido. Como siempre. La J se balanceaba de una lámpara donde la arrojó con violencia cuando no supo que hacer con ella. La miró con lástima y la descolgó con cariño. "No quería hacerte daño" murmuró. Descubrió a la D, la Q y la B colgadas del perchero y mirándole con sus ojos muy abiertos. "El otro día fuisteis vosotras. Bodoque. ¿Recordáis?" Ellas sonrieron complacidas y guiñaron sus ojos con complicidad.
La F le enseñaba la lengua con odio mientras la K y la L le daban la espalda despectivamente. "Comprendedme, os quiero mucho pero no puedo estar siempre con vosotras. Sois muchas y os quiero a todas por igual". Oyó entonces a la Z dormida junto al zaguán y ajena a todo el barullo. La recogió con cuidado y la apoyo en la almohada mientras la miraba arrebolado.
Sonrió cuando descubrió a la V y la Y asomando de un vaso. Parecían gemelas y sus brazos en alto le reclamaban un abrazo perentorio. Cuando las cogió la C se dejó caer subrepticiamente y se enroscó en su cuello cariñosamente.
La Ñ carraspeó muy digna desde el atril sabiéndose única y segura de si misma. No tenía problemas de autoestima. Sabía que muchas personas la defendían con denuedo. La colocó junto a sus compañeras y por fin su mirada buscó la palabra que con tanto ahínco había buscado anoche:
Trigémino
Se recreó en su son y lo repitió hasta saciarse. Era una borrachera de sonoridad. Repasó una a una las letras y paladeó su armonía con deleite. Jugó con ella y la imaginó en mil situaciones. Cerró los ojos y recorrió cada pliegue antes de desmontarla y comenzar a pensar cual sería la siguiente.
No podría dejarlo. Nunca. Porque él era Theo y jugaba con las palabras.
Felicidades Theodore :-)
Este divertimento felicitatorio se debe a que Ut y Alforte me invitaron a formar parte de una felicitación colectiva para Theo. De ellos es el mérito de que exista esta pequeña contribución.
lunes, 18 de octubre de 2010
Despedida
Hace casi seis meses me senté frente al ordenador y aún no sé por que lo hice, pero escribí la primera entrada de este blog. Era un 20 de abril. Un martes que me encontraba especialmente triste y perdido. Acababa de salir del armario con dos amigos hacía unos días, durante la Semana Santa, y aunque fue bien, el esfuerzo emocional me dejó hundido y sin fuerzas para enfrentarme a la vida.
Pude haber hecho muchas cosas ese día. Incluso tomar decisiones equivocadas. Pero escogí abrir un blog donde verter todo lo que necesitaba contar al oído de alguien que no tenía. Y para mi sorpresa seguí escribiendo en los días posteriores.
Cuatro entradas y cinco días más tarde los primeros comentaristas se acercaron y me dejaron sus palabras. Todavía no sé como se enteraron de mi blog porque no lo publicité ni hice nada para darlo a conocer, pues todavía pensaba en él como en un diario privado. Pero lo agradecí mucho. No os podeís hacer una idea de cuanto.
Desde entonces han pasado seis meses, sesenta y cuatro entradas, 71 seguidores y más de 20.000 visitas. Muchos me habéis acompañado durante este tiempo. Algunos públicamente con vuestros comentarios, que me ayudan, me espolean, me hacen pensar y ver las cosas de forma diferente. Y otros en privado a través de preciosos correos que me emocionan. Existe un tercer grupo, los que leen y no dicen nada pero que sé que están ahí compartiendo conmigo este periplo día a día. A todos os doy las gracias porque vuestra compañía estos meses me ha hecho más llevadera mi vida.
Ha llegado el momento de dejar de escribir aquí por un tiempo pues hasta yo necesito vacaciones de mi mismo. El jueves cogeré un avión que me llevará al otro lado del mundo. Serán cinco semanas viajando por Vietnam y Camboya. Las tres primeras me acompañarán Roxana y Samuel a los que conocí en la India hace ya dos años. Nos acompañará una amiga suya.
Con ellos recorreré las montañas del norte, haciendo trekking junto a la frontera china y recorriendo los distintos poblados de algunas de las etnias vietnamitas. Descubriré el caos ordenado de Hanoi, viajaremos en sampán durmiendo bajo las estrellas en la bahía de Ha Long y recorreremos el río Tam Coc en pequeñas embarcaciones. Más tarde y ya en el centro de Vietnam pasearemos por las antiguas calles de la ciudad imperial de Hue y difrutaremos del barrio francés de Hoi An y las ruinas de My Son.
Las dos últimas semanas seguiré yo solo con la única compañía de mi mochila y mi cámara de fotos. Pasaré unos días en Ho Chi Minh, la antigua Saigón. Remontaré el Mekong hasta Phnom Penh, la capital de Camboya y me perderé en la jungla entre los espectaculares templos de Angkor.
Necesito estas vacaciones porque han sido dos años de sinsabores y frustraciones. De llorar amargamente y gritar indignado al destino. De sentir como todo en lo que creía se desmoronaba a mi alrededor sin poder yo detenerlo. De observar impotente como he vivido una vida de mentiras y engaños.
Pero también ha sido el tiempo de empezar a construir con nuevos cimientos. De atreverme a aventurarme más allá de mis miedos. De lanzarme al vacío de mis frustraciones para rellenarlas de deseos. De abrazar nuevas ilusiones. De empezar una nueva vida.
No sé como trancurrirá el viaje. Si servirá para serenarme o si será contraproducente porque me dará más tiempo para pensar. No lo sé. Pero sí sé que esta no es una despedida definitiva. Es sólo un hasta luego y un volveré pronto. Un os quiero y un gracias por estar ahí.
Nos vemos de nuevo en diciembre. Si queréis.
viernes, 15 de octubre de 2010
Ambiente (3ª parte)
Ha pasado mucho tiempo desde que fui por última vez al ambiente. Entonces este blog todavía no existía y Calvin estaba planeando irse a Madrid. Más de seis meses. Casi una vida.
Muchos sábados que estaba solo en casa y sin amigos con quien salir me preguntaba por qué no iba de nuevo. Mi intención durante estos meses era conocer gente a través de las páginas de perfiles que fuesen algo más que un polvo de una noche. Gente con la que conectar y hablar de muchas cosas como hacía con Calvin. Gente con la que salir a tomar unas cervezas, a contarnos como nos iba la vida, a reirnos juntos haciendo el payaso, gente a la que abrazarme cuando fuese necesario. Gente que quisiese mi compañía más allá de la cama. Amigos.
Pero fracasé.
Ya escribí hace tiempo una entrada sobre los amigos. Durante este tiempo sólo he encontrado a Tony. Él cubre mi necesidad de abrazos y besos. Me escucha y consuela, pero no sale de copas nocturnas. Y lo entiendo. Él supo que era gay desde muy joven y disfrutó de la noche durante mucho tiempo. Ahora ya no le apetece tanto salir, y sumado a que vive en un pueblo a varios kilómetros y necesita venir con coche hace que prefiera otro tipo de diversiones. Pero yo sí lo necesito. Necesito salir y sacar toda la rabia que hay en mi. Necesito olvidarme un poco de la vida y descargar mi mente de mi mismo. Necesito demostrarme que puedo ser gay en público. Y los bares de ambiente son una tabla de salvación a mi maltrecha autoestima.
Lo que me retraé de ir solo a esos sitios es mi timidez a la hora de abordar gente que no conozco. No soy capaz de acercarme a alguien y presentarme: "Hola, soy Parmenio, ¿cómo te llamas?" Es algo que excede mis capacidades sociales. Tampoco soy hábil en el lenguaje de la miradas. Nunca sé si alguien está interesado en mi o simplemente me mira porque en ese momento he pasado ante él. Tampoco puedo destacar por belleza, capacidad de baile ni juventud. Tampoco. Esa es la palabra que me describe.
Muchos fines de semana tomo la decisión de ir pero mi ánimo enflaquece a medida que las horas pasan mientras espero a la una de la mañana, la hora en la que la gente empieza a salir. Siempre encuentro una excusa para echarme atras y quedarme en casa prometiéndome que el próximo fin de semana sí ire. Pero el siguiente tampoco. Tampoco. Tampoco...
El sabado pasado tome la decisión de ir. Una vez más. Pero la lluvía que caía fue enfriando mi resolución poco a poco. Miraba por la ventana y mi ánimo se tornaba cada vez más sombrio. Me senté derrotado, con la mirada perdida y fui consciente de que muchos andamios en mi interior temblaban por mi cobardía. Notaba crecer la impotencia dentro de mi. Y el dolor.
Y me dije que esa noche saldría aunque no me apeteciese porque estaba a punto de entrar en una espiral de autocompasión especialmente dañina.
Bajo una ducha de agua caliente respiré para intentar serenarme y mezclé las lágrimas con el chorro que recorría mi cuerpo. Léntamente me vestí y salí a la calle para sentir el aire en la cara. Era una noche fría pero mi alma estaba más helada.
Caminé media hora hasta la zona de ambiente y entré en el primer bar que encontré. Aún era temprano y no había demasiada gente. Me pedí una cerveza y mientras disimulaba moviéndome un poco al son de la música observé a la gente como, reunidos en grupos, se reían y bromeaban entre ellos con sonrisas que envidiaba. Aguanté quince minutos eternos, apuré la cerveza hasta atragantarme y salí a la calle.
Lo volví a intentar en otro bar. Esta vez estaba lleno de gente hasta la bandera. Me abrí paso como pude hasta la barra y pedí otra cerveza. Y observé. Un grupo junto a mi empezó a divertirse a mi costa. Supongo que verme solo y cariacontecido en la barra les debió parecer divertido y jugaron un poco conmigo hasta que se cansaron.
Enfrente mío una pareja de 18 años muy acaramelados se decían cosas al oido. Un grupo de treintañeros ruidosos se reían por encima del estruendo de la música y mirase donde mirase la gente estaba disfrutando. A pesar de no estar con el ánimo apropiado pensé que el ambiente del local me gustaba y que si hubiese estado con amigos esa noche me lo habría pasado bien.
El tercer bar al que fui es el que más me gusta. Las pocas veces que he ido al ambiente acabo siempre en él. La música es muy buena y hasta me entran ganas de bailar. El grupo que se estuvo metiendo conmigo en el bar anterior se puso cerca de mi pero yo me alejé un poco. Un chico me miró varias veces pero yo no supe que hacer. Me bloqueé. Igual debía haberle dicho una frase ingeniosa o algo gracioso. Tal vez presentarme. Pero no hice nada. Y él tampoco.
Estuve un par de horas allí y no hablé con nadie. No se puede decir que fuese un éxito de noche, pero rompí con mi bloqueo a ir solo. Lo que no sé es cuantas veces lo podré hacer antes de que me diga a mi mismo que no merece la pena pasar varias horas triste y solo mientras veo divertirse a los demás. Necesito amigos. O los consigo por internet o rompo con mi timidez y me arriesgo al ridículo, pero los necesito antes de que abandone. Y no puedo abandonar.
Ahora no.
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