sábado, 9 de octubre de 2010

Una fiesta al anochecer



Me he levantado sin planes para este fin de semana. Estaba pensando si esta noche me animaba a darme una vuelta por ahí yo solo cuando he empezado a recibir invitaciónes para acudir a fiestas.

La primera me ha llegado de Gary Rivera, mi alquimista favorito, que me ha invitado a una fiesta relajante en un playa privada disfrutando del sabroso Pisco Sour y al ritmo del Verano Azul de Juan Magán. Blanco y arena. Mar y gafas de sol.

La segunda me viene de Sergio, que desde su Imaginarium nos abré las puertas de su casa para que pasemos una tarde divertida con Tito&Tarantula y su After Dark. Además se ha currado un número erótico-ofídico a cargo de Salma Hayek mítico e inolvidable.

Y Pimpf me sorprende con una fiesta a ritmo francés y el "Alors on danse" de Stromae que me encanta y que promete una noche irrepetible y sugerente. Es posible que hasta me suba encima del altavoz y baile sin camiseta.

Y eso me lleva a la obligación de hacer mi propia fiesta para demostrar que puedo ser aún mejor organizador que bailarín improvisado. Lo primero era encontrar el lugar adecuado, y teniendo en cuenta mi edad, el sitio perfecto era un parque de atracciones. Pero no uno cualquiera, sino uno abandonado para que el aire decadente de las atracciones fueran el contrapunto perfecto a la juventud de los invitados, para así crear una atmosfera nocturna sugerente. ¿Y que mejor que el Parque Six Flags junto a la decadente Nueva Orleans y abandonado desde el Katrina?

Se servirán aperitivos cajún y criollos durante toda la velada y cócteles Ramos Gin Fizz y Sazerac a discreción.




Y los invitados son:

Theodore: para que adorne las conversaciones con las palabras y las retuerza hasta domeñarlas.
Alforte: para que cuando la fiesta decaiga tome el mando de la mesa de mezclas y nos vuelva locos.
Adrianos: para que su presencia con speedo revolucione al personal mientras nos encandila en griego.
Davichini: para que nos demuestre que ahora tiene una alegría en el cuerpo que contagia a todos.
Pancho: para que su afeitado bigotón crezca con nosotros hasta ser tan grande como su corazón
Christian: para que vuelva a tocar para todos y nos enseñe sus preciosos ojos nuevos.
Alvaro: para que persiga a Thiago durante toda la noche con esa simpatia y gracejo que tiene.
Alex: para que desmuestre que ahora la noche y las fiestas no tienen secretos para él.
Thiago: para que se lance con su tabla por todas las atracciones y disfrutemos con su picardía.
Bo Tare: para que después de tanto crápula haya alguien que destaque por su humanidad.

Y faltaba una música que ambientase esto. Ummmm...Nueva Orleans, noche, crápulas... no puede ser otra que el Bad Things de Jace Everett



Y por último no puedo menos que recordar a Brekiaz, que a modo de Bob Geldorf ha provocado la organización de fiestas por toda la blogosfera.


Espero que la fiesta os guste y volváis a visitarme

martes, 5 de octubre de 2010

Pequeñas alegrías


Este domingo tuvimos comida familiar. Aunque cada vez es más dificil reunirnos todos porque las obligaciones de cada uno nos mantienen ocupados en nuestros quehaceres particulares, mi madre no se rinde e intenta una y otra vez que al menos nos juntemos todos para celebrar los cumpleaños y las navidades.

En este caso las efemérides a celebrar eran las onomáticas de mi madre y de mi padre, que hace años celebrábamos por separado pero que ahora juntamos en una única para que todo el mundo haga el esfuerzo de acudir. Y allí estuve yo el primero.

El lugar escogido siempre es la casa de mis padres. Está céntrica, tiene una luz natural envidiable y sobre todo es espaciosa para acoger a tres generaciones a la vez, cosa que en mi reducido piso sería imposible salvo que comiésemos por turnos.

Tenemos la tradición de juntarnos todos frente a un aperitivo previo que suele ser alegre y distendido,  donde aprovechamos para enseñarnos fotos y vernos a corta distancia. El aperitivo empezó siendo un tiempo previo de espera en el que tomábamos algo mientras iban llegando todos, pero con los años fue adquiriendo tanta importancia o incluso más que la propia comida.

Cuando era un niño veía a mi madre preparar con esmero la comida y yo siempre revoloteaba alrededor intentando ayudarla, aunque mi entusiasmo atolondrado a veces provocaba no pocos accidentes que la volvían loca. Creo que fue esa la razón para que un día me encargara preparar un aperitivo. Sólo unas patatas y unas aceitunas, pero que mantuvieron entretenido a un niño orgulloso de su "importante" labor.

En la adolescencia el juego se convirtió en obligación, y yo refunfuñaba contra la injusticia de tener que "hacerlo yo todo". Pero mientras mascullaba mi venganza quinceañera aprendí a encontrar el placer oculto de presentar los platos de forma que causasen admiración. Eso satisfacía mi vanidad pubescente y daba sentido y cumplida venganza a tamaña injusticia.

Al pasar los años mis hermanos se casaron y tuvieron hijos. Yo sigo siendo el único soltero, y como según todos vivo sin obligaciones sigo encargándome del aperitivo. Ahora cuando viajo suelo observar las especialidades locales y me gusta comprar aquellas delicias que sorprendan los paladares de mi familia. Creo que esa vanidad adolescente sigue viva en mi y me encanta ver sus caras de sorpresa y satisfacción cuando paladean lo que con tanto esmero he conseguido.

No son cosas complicadas porque yo soy muy mal cocinero, pero intento que la presentación supla mis carencias culinarias. Y esta vez mis hallazgos incluían una crema de foie de oca con jalea de pétalos de rosa, unas croquetas artesanas de boletus y un paté de pisto. Si hubiese sido un teatro los aplausos aún retumbarían.

Vanitas vanitatis.

Al aperitivo le siguió la comida, donde una animada charla saltaba rápidamente de tema en tema con conversaciones cruzadas y novedades a desvelar. No faltaron, por supuesto, las declaraciones homófobas de mi padre contra los "maricones con pluma". Yo jugaba en ese momento con mi sobrina mientras hacía como que no escuchaba, pero siempre bajo la atenta mirada de mi hermana, presta a intervenir si colmaban mi paciencia. No hizo falta, pero cada palabra fue como una aguja en mi mente que retorcía sádicamente. No puedo evitar el dolor pero estoy aprendiendo a disimular el temblor que me produce.

Nuestras comidas se prolongan por la tarde en una sobremesa larga donde los chupitos de orujo y limoncello se reparten alegremente y las conversaciones se vuelven más profundas y trascendentales. Tras varios orujos y en un aparte mi hermana se me acercó y me dijo que su hija le había preguntado si yo era gay. No sé si lo intuyó u oyó alguna conversación, pero hizo la pregunta con la ingenuidad y la preocupación del desconocimiento de los diez años.

Mi hermana y yo ya lo habíamos hablado antes del verano y decidimos no decírselo hasta que saliese el tema de forma natural. Y acaba de salir. Cuando mi hermana se lo confirmó se quedó sorprendida de que su madre lo supiese y se enfadó un poco porque nadie se lo había contado. Preguntó entonces si "eso" era normal y mi hermana le puso de ejemplo que su mejor profesor y con el que ella estaba encantada era gay. Eso satisfizo cualquier resquemor que tuviera. Mi hermana le preguntó si iba a querer menos a su padrino por ser homosexual y ella le dijo que por supuesto que no.

Mientras me contaba esto recordaba que cuando un rato antes oía las diatribas de mi padre y lloraba por dentro, mi sobrina se había acercado y muy cariñosa se subió encima y se puso a jugar conmigo. No sé si fue un acto consciente, pero quiero creer que sí.

Lo necesito.

viernes, 1 de octubre de 2010

Del naranja al rubor


Hay semanas que cuando comienzan uno instintivamente sabe que no van a ser buenas. Te duermes el lunes por la mañana y llegas tarde al trabajo porque se ha ido la luz y el despertador se ha apagado. Mientras tanto el congelador chorrea cantidades ingentes de agua por toda la cocina que tienes que recoger antes de irte a trabajar aún más tarde.

Son esos detalles cuando, justo antes de salir del trabajo, tu jefe se quiere reunir contigo y te explica esas "pequeñas" modificaciones que hay que hacer urgentemente ese mismo día "pero que no te costarán nada" y que terminan con tus ojos irritados y enrojecidos bajo una luz mortecina y deseando llegar a casa para cerrarlos.

Es la cita esa que habías preparado con tanta ilusión y que pensabas que te iba a compensar tantos sinsabores y malas caras pero que que ha cancelado y se ha olvidado de decírtelo porque ese día estaba muy liado. 

Es descubrir que la factura de este mes de un servicio contratado es claramente erronea a su favor y tienes que perder tu tiempo y tus pocas energías en reclamar oyendo una cinta grabada expresamente para hacerte perder la paciencia. Y todo para conseguir simplemente un "ya lo revisaremos, le abro incidencia".

Es aprovechar el poco tiempo que tienes para salir de tiendas a la caza de un pantalón y después de mucho rebuscar encontrar el que necesitas y llegar a casa y darte cuenta de que tiene un desgarrón que no viste en la tienda. Volver al día siguiente y tener que soportar las miradas acusadoras y las preguntas agresivas de una dependienta que le "extraña" que estuviese en esas condiciones, que ellos lo hacen todo perfecto y no cometen equivocaciones. Y no conseguir otro porque de esa talla ya lo tienen agotado y no traerán más. Y volver a empezar a buscar.

Es tantas cosas más que hacen que ciertas semanas se alarguen hasta el infinito y que cada minuto pasado en ellas se conviertan en una pequeña tortura medieval diseñada para quebrar tu ánimo y templanza.

Comprenderéis porque esta semana no he escrito nada en el blog y casi no he leído los de tanta gente que con sus escritos consiguen hacerme olvidar mis problemas y hacer volar mi sueños. Pero un poco si he podido ojearlos por encima y una marea naranja se ha desplegado por este rincón de la blogosfera con un premio en forma de flor anaranjada.

Empezó Davichini que en su blog "Historeando" me concedió una flor por, según sus palabras: "Es bueno tener otros puntos de vista, gente un poco más mayor que tú te puede instruir y ayudar, alguien que gente más pequeña. Otro que me cautivó desde el principio. Va por ti, Parmenio". Una sonrisa después de un día agotador no sabes cuanto se puede llegar a apreciar.

Continuó Alex desde su bien ventilado "Armario empotrado" quien se acordó de mi unos minutos después. Mi sonrisa se engrandeció más aún y parte de mi cansancio se desvaneció. Daba igual como había sido el día que el saber que piensan en ti cuando alguien escribe en su blog reconforta.

El tercero en discordia ese día fue el siempre sorprendente Thiago. También a él le llovieron las flores y quiso compartirlas con algunos de los más de 500 seguidores que tiene. Y entre los doce que puso vi un "Parmenio también, por supuesto". Es curioso como una frase tan simple como un "por supuesto" puede llenar de emoción un cuerpo cansado y una mente febril.

Esos tres premios consiguieron que ese día consiguiese conciliar el sueño y olvidar la realidad.

El miércoles, en un momento de frustración con el mundo que me rodeaba decidí relajarme leyendo algún blog. Y llegué al del siempre interesante Alvaro Locx y su Epistolario. Estaba repasando sus seguidores dedicándoles un comentario a cada uno. Y cuando fue mi turno escribió: Parmenio el filosofo de los 40´s este hombre me parece debe ser guapisimo, no se pero me lo imagino todo dueño de si, de esos maduros sabrositos y además me gusta lo que dice y como lo hace, es extraño porque algunos de sus dilemas de vida yo los resolví muy joven a los 22 años ya sabían todos los que me rodeaban lo gaysesito que soy de manera que a veces me parece raro esa tensión, por lo demás escucharle y leerle es un placer." Y aqui el naranja del día anterior se convirtió en un rubor que encendió mi cara. Si hubiese estado por la calle los coches habrían parado frente a mi pensando que era un semáforo en rojo.

Y por fin esta semana ha terminado y yo andaba pensando que debía escribir algo y agradecer tantas muestras de afecto. Entretanto ojeaba algún otro blog y me he encontrado con mi santanderino favorito cuya vida solo puede ir a mejor porque un corazón tan grande tiene sangre para bombear y sobrepasar cualquier adversidad. Me refiero a Bo Tare claro, que está tarde me ha concedido una cuarta flor con estas palabras: "Llegado a estas latitudes, me quedo con otro viejecito con espíritu juvenil. El amigo Parmenio y su Despertar gay a los 40. Blog cargado de misticismo. Para encender inciénso y pasar la tarde. :D"

Edito y añado a Chris Ingebrethsen, que recien llegado de Noruega y casi sin tiempo para cambiarse de ropa ha sido capaz de acordarse de mi y entregarme otra flor con estas bonitas palabras: "Parmenio: Por su inocencia, su vitalidad y sus ganas de romper un poco con las ataduras que a veces nos imponemos nosotros mismos." Gracias por estar siempre ahí.

Muchas gracias a todos, de verdad, que con estos detalles conseguís que hasta una semana olvidable se convierta en un abrazar la almohada con una sonrisa.

Y ahora yo debería nombrar a 12 blogueros a quien concederles este premio. Pero esta vez prefiero darselo a todos esos blogueros que a pesar de que no tengo tiempo para seguir sus blogs siguen ahí sin esperar nada a cambio. A esos que desde el silencio leen lo que escribo y comparten mi vida haciéndole un huequecito en la suya. A todos los que estáis ahí siempre.

A cada uno os quiero dar una flor naranja con un beso en cada pétalo.