miércoles, 30 de junio de 2010

El padrino


Hace casi un año, en agosto pasado, mi hermano se acercó a mi y me dijo "Tengo una oferta que no podrás rechazar" y me anunció el nacimiento de su segunda hija. Me preguntó entonces si quería ser el padrino.

En principio, y salvo que la vida de muchas vueltas, no pienso tener hijos. Dicen que a quien Dios no le da hijos el diablo le da sobrinos. Sobrinas en mi caso, que son ya tres niñas. Así que ser padrino de una niña en cada una de las familias de mis hermanos no sólo no me disgusta sino que me hace ilusión.

Pero cuando mi hermano me hizo esta petición él no sabía que yo era gay. Quizá creáis que a veces le doy demasiadas vueltas a las cosas, pero el pensar que si lo supiese a lo mejor no me lo habría ofrecido era una de las cosas que me agobiaban entonces. 

Cuando por fin se lo conté en octubre, el tema lo tenía en la cabeza, aunque no lo saqué en la conversación. Me sentía muy violento y mi ánimo no estaba para afrontar en ese momento una posible negativa o una evasiva.

Dejé pasar el tiempo y mi sobrina nació a finales de marzo. Mi hermano no me decía nada y yo no preguntaba. Parecía la política del ejército norteamericano, el famoso "don´t ask, don´t tell". Al fin, hace un mes, a finales de mayo, mi hermano, en una conversación casual, me recordó que yo era el padrino. El no lo sabe, pero lo que sentí en ese momento fue una sensación indescriptible, entre alivio y orgullo. Alivio por mí. Orgullo por mi hermano.

El bautizo fue este sábado pasado y cumplí mi papel en la ceremonia. Yo no soy religioso. Más bien lo contrario, pero mi hermano y mi cuñada sí lo son. Y si a ellos les hace ilusión ¿quién soy yo para discutírselo?

Después de la ceremonia nos fuimos a comer todos. Fue una comida estilo cóctel, con todo el mundo de pie y charlando mientras servían bandejas con aperitivos. Eso permite ir cambiando de grupo y hablar con gente diferente cada cierto tiempo.  Y en un momento dado estuve hablando con mi hermana sobre ser el padrino, porque también lo soy de su hija. Me dijo que mi sobrina está encantada conmigo, que no sabe la razón, pero que está como loca conmigo y que soy su tío favorito. Pero que está muy preocupada porque no estoy casado. Tiene nueve años y mi hermana no le ha dicho nada. Le pregunté si se lo iba a decir y me respondió que cuando tenga más edad y salga el tema de forma natural. Asentí mientras de fondo oía a mi padre y a uno de mis tíos decir "es que ese sitio está lleno de maricones". No se de que hablaban, pero volvieron a repetir "... de maricones hasta arriba".

Preferí no seguir escuchando. Y es que a veces es mejor no saber para no sentir.

El problema es que sí sé.

domingo, 27 de junio de 2010

Mi hermana


 Hablar con mi hermano fue una eclosión de tensión contenida. Fue como notar la explosión de un volcan nadando en la lava y luego subir y subir por los aires hecho pedazos. Luego, al terminar, todo se va enfriando y en las mejillas quedan las coladas de lágrimas congeladas.

Acudí al trabajo al día siguiente con los ojos enrojecidos por una noche agarrado a la almohada. Mis compañeros al verme rieron y bromearon sobre porqué estaba en ese estado. Yo no tenía fuerzas para hablar y sólo sonreí. Una sonrisa de compromiso, triste y deslucida. Y eso les confirmó aún más sus suposiciones y las bromas continuaron durante toda la mañana.

Mientras intentaba concentrarme al menos un poco en lo que hacía, me llegó un mensaje de mi hermana. Ella es mayor que yo. Me saca cinco años y mucho caracter. Y me preguntaba sobre que quería hablar con ella. Le respondí que de nada importante y ella me pidió que le adelantase algo para ir ganando tiempo.

La conozco y se que nunca hace preguntas casuales. Algo sospechaba. Probablemente no sabía el qué, pero había deducido que si la citaba no era para enseñarle las máscaras venecianas que había comprado. Y me empezó a presionar. Me dijo que igual no podía ir en bastante tiempo para ver si yo aflojaba y le daba alguna pista. Le dije que daba igual, que no había prisa. Después utilizó la vena irónica riéndose de mi secretismo. Y yo le seguí la broma hablando de teorías conspiranóicas y que no podía poner nada por escrito.

Era una batalla dialéctica en la que los dos, con mensajes distendidos, sabíamos que hablabamos de algo diferente a lo que escribíamos. Y jugó la baza de mi sobrina. Me dijo que no tenía con quien dejarla y que se vendría con ella. Total, es mi ahijada y así la veía. Esto era un órdago con todas las de la ley. Ella sabía que si el tema era importante mi sobrina no nos dejaría hablar. Tiene nueve años y no para quieta. Era una prueba para comprobar el nivel de trascendencia de lo que quería decirle. Y lo jugó muy bien. Tuve que decirle que no la trajera con una excusa muy poco creible. Ella había ganado y los dos lo sabíamos. Mi mensaje de cita intrascendente había alcanzado el nivel de declaración inaplazable. Vendría el viernes.

Pasé la semana en un estado de ansiedad incontrolable. Daba igual que ya hubiese hablado con mi hermano y todo hubiese ido bien. Era empezar de nuevo y mi corazón latía a mil cada vez que pensaba en ello. Me sumergí en el trabajo para distraer mi mente y pasé las horas en el gimnasio quemando adrenalina. Y llegó el viernes.

Se presentó a la hora, sin mi sobrina y con una sonrisa. Y me dijo que le enseñase las novedades de mi casa. Sabía que yo necesitaría tiempo para decir lo que fuese que tenía que contarle y me lo dio con la excusa de la visita turística.

Al cabo de media hora nos sentamos en los sofás en la misma posición que lo hicimos mi hermano y yo cuatro días antes. Y me preguntó sin ambages y con un toque de humor por ese tema tan "secreto". Yo empecé a dar los mismos rodeos que la otra vez. Alargué las frases y amagué el tema sin atreverme a decir las palabras fatídicas. Ella sonreía y esperaba paciéntemente. Y al fin lo solté: Soy gay.

Sonrió y me dijo que no pasaba nada, que le parecia perfecto. Que no me preocupase. Me dijo que con tanto secretismo había pensado que estaba enfermo o que tenía algún problema de drogas o que había dejado embarazada a una chica. Pero que fuese gay le parecía fantástico.

Estuvimos hablando casi dos horas. Hablamos de mi y de como lo había pasado. De si se lo había contado a alguien. De que era tonto por habérmelo callado tanto tiempo y de que tenía que haber hablado con alguien y no sufrirlo en silencio.

Me contó que ella tenía amigos gays y que más de una vez había ido a bares de ambiente con ellos. Eso me hizo gracia. Yo aún no me atrevía a ir, no había pisado ninguno y ella había estado en todos. Hizo la charla muy distendida y por fin pude soltar la tensión acumulada.

Ya era de noche cuando se fue, diciéndome con una sonrisa irónica que "lo gay está de moda y ahora puedo presumir de hermano gay".

Cerré la puerta, me recosté en ella y sonreí.

sábado, 26 de junio de 2010

10 líneas de sexo



Gary Rivera de el blog El Alquimista me ha mandado este meme para que me esfuerce un poco y escriba sobre sexo. Habría preferido practicarlo antes que hablar de él, pero a falta de pan buenas son tortas. Así que aquí os dejo mi pequeña contribución:

Te escribo este telegrama porque no me atrevo a decírtelo a la cara. STOP. Creo que ha llegado el momento de dejarlo. STOP. Los buenos momentos nos perseguirán pero ya han pasado. STOP. Todavía recuerdo cuando saliste del mar aquel día. STOP. El agua se deslizaba por tu pecho y tu pelo cobrizo goteaba sobre tus ojos. STOP. Era la primera vez que iba al camping nudista y tuve que darme la vuelta avergonzado. STOP. Me miraste y te reíste con esa risa contagiosa que me conquistó. STOP. Y descaradamente te acercaste a mi. STOP. El sol me deslumbraba la vista y tu te moviste para taparlo. STOP. Pusiste las manos en las caderas y el contraluz te hizo parecer un dios. STOP. Con un gesto imperceptible de tu cabeza me señalaste tu tienda. STOP. Me levanté con la toalla tapando discretamente mi emoción y entré en tu mansión de tela. STOP. No hablabas mi idioma pero no hizo falta. STOP. Sólo recuerdo que yo no paré de gritar. DON´T STOP. DON´T STOP. DON´T STOP. DON´T STOP. DON´T STOP.


Las condiciones del meme decían que debía escribir 10 líneas sobre sexo, ilustrarlo con una fotografía al final y pasarlo a tres personas. Las dos primeras condiciones ya las he cumplido y para la tercera escojo a Fernando , Davichini y Ut, el de las estrellas. Se que me sorprenderán.